Empieza la deliberación en el VI Concurso de Relatos Cuéntame el Autismo

Empieza la deliberación en el VI Concurso de Relatos Cuéntame el Autismo

El plazo de presentación de relatos terminó el pasado domingo día 3 de Septiembre

Este año hemos celebrado la VI edición del Certamen de Relato corto “Cuéntame El Autismo”. En el plazo de 2 meses, que se inició el 3 de Julio y se dio por finalizado el pasado domingo 3 de septiembre, los participantes han tenido la oportunidad de hacernos llegar sus textos en los que hemos podido disfrutar de muchas inquietudes y reflexiones.

Un total de 33 relatos se han recibido y ahora un jurado compuesto por representantes de las entidades miembro de la Federación Autismo Madrid deliberará acerca de cual es el relato ganador.

Mientras tanto, hemos recogido todas las obras bajo estas líneas para que resulte más sencilla su lectura. Es hora de disfrutar de Cuéntame el Autismo al completo:

Relato número 1: 

“Nadando… hacia la esperanza” 

 

Relato número 2: 

“Soy entrenadora de una persona con Autismo”

 

Relato número 3: 

“Somos medalla olímpica”

 

Relato número 4: 

“Y esto debería ir de deporte…”

 

Relato número 5: 

“Mi primer Campamento”

 

Relato número 6: 

“Carrera de obstáculos”

 

Relato número 7: 

“El Océano de Cristales Rotos”

 

Relato número 8:

“Aquaman” 

 

Relato número 9:

“Buscando una salida” 

 

Relato número 10:

“Fuerza de voluntad” 

 

Relato número 11:

“Una noche mágica” 

 

Relato número 12:

“Ángela y Luna”

 

Relato número 13:

“La felicidad en tres pasos”

 

Relato número 14:

“Las zapatillas de María”

 

Relato número 15:

“Solo quiero hacer deporte, ayúdame” 

 

Relato número 16:

“Ismael y la felicidad”

 

Relato número 17:

“El grupo sin ti no es lo mismo, Carlos”

 

Relato número 18:

“Mi primera (y no última) actividad corriente”

 

Relato número 19:

“Hacer o no hacer”

 

Relato número 20:

“Dos buenas noticias”

 

Relato número 21:

“¡Un grupo de personas desatan la locura!”

 

Relato número 22:

“El deporte de la vida”

 

Relato número 23:

“Medalla de oro, campeón”

 

Relato número 24:

“Aprender y enseñar a salir adelante día a día ”

 

Relato número 25:

“No te puedes ni imaginar…”

 

Relato número 26:

“Los padres de Juan”

 

Relato número 27:

“Unos ángeles en la tierra…”

 

Relato número 28:

“¿A que no lo habíais notado?”

 

Relato número 29:

“Te quieio”

 

Relato número 30:

“De detectives, ballenas, y bailarinas”

 

Relato número 31:

“Mi pequeño tritón. El agua. El silencio. ” 

 

Relato número 32:

“¿Por qué en mi cole no hay niños como ella?”

 

Relato número 33:

“Ocho, cuatro, seis, siete, dos… ¿bailamos?” 

 


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“Ocho, cuatro, seis, siete, dos… ¿bailamos?” relato nº 33 – VI Cuéntame el Autismo

“Ocho, cuatro, seis, siete, dos… ¿bailamos?” relato nº 33 – VI Cuéntame el Autismo

Elena Mesa nos envía desde Madrid el relato número 33 de esta sexta edición de Cuéntame el Autismo con el título “Ocho, cuatro, seis, siete, dos… ¿bailamos?”.

Justo en frente de la puerta de clase, allí estaba yo como cualquier otro miércoles perdida en mis pensamientos, aquellos que no me abandonaban desde hacía semanas, desde que me dijeron que tú vendrías a clase.

Traté de recordar sus palabras, cada una de las palabras que me dijo tu mamá, antes de abrir la puerta. Sin más, allí estaban todos, incluido tú, Ángel.

 

“¿cuatro?” me dijiste sin pestañear mientras mirabas mi camiseta, en la que había dibujada cuatro flores de colores.

 

Así comenzó mi obsesión por los números, los números de Ángel.

 

Su mamá trató de explicarme todo sobre él cuando decidió apuntarlo a mis clases de baile:

 

—Ana, aquel es mi hijo.Sí, el del pelo rubio y largo; le encanta tener el pelo largo… o más bien odia ir a cortarse el pelo.-Reía mientras lo señalaba desde lejos-. Ángel es un niño muy alegre y nervioso. Le encanta saltar y bailar, por eso quiero que esté en tus clases y aprenda junto a otros niños…

Continuó contándome cosas sobre ti, con tal nivel de detalle que no fue hasta dos semanas después, cuando entré por aquella puerta de clase, que comencé a entender por qué era tan importante todo aquello.

Tienes un hermoso pelo rizado y rubio que hace honor a tu nombre, unos ojos marrones enormes con los que examinas cada detalle al entrar en clase cada día y unas botas rojas preciosas, que aunque son para la lluvia, llevarías gustosamente cualquier día del año (si mamá finalmente te deja, claro).

Adoras jugar con los números: contar, sumar, restar… los ves en casi cualquier parte, creando así un mundo donde todo parece tener un orden lógico. Toc, toc, dos veces tocas la puerta y puedes entrar. Diez pasos hasta el ordenador para poner la música. Tres veces suena el tambor, pum pum pum, das tres vueltas al compás y coges mi mano para que te ayude a agarrar el peluche de tres colores, cuyo tacto aún no toleras muy bien.

Cuando te concentras mucho en algo comienzas a canturrear esa extraña melodía con una secuencia de números más extraña aún: “Ocho, cuatro, seis, siete, dos”. Nadie sabe de dónde sacaste ese orden ni esa melodía ¿y acaso importa? Te gusta y te relaja, eso sí importa.

Me levanté temprano aquella mañana, el día después de conocer a tu mamá, ¡cuánto me arrepiento de haber tenido miedo!

Retumbaron en mi cabeza aquellas palabras que no entendía y que me asustaron…”Trastorno del Espectro Autista”.

No sabía muy bien que era eso, tan solo algunas creencias falsas que oí no se ni dónde, y me pregunté si sería capaz de enseñarte en clase. Así que me desperté esa mañana con la plena convicción de que aprendería todo lo necesario para poder bailar contigo.

Ahora ya han pasado seis meses y bailar es lo primero que hacemos al vernos en el pasillo. Luego viene nuestro choque de manos especial y corriendo vamos al aula a poner la música.

Al finalizar nuestra clase salgo del cole pensando cuantos prejuicios y falsas creencias existen aún sobre los niños como tú. Bajo las escaleras con paso fuerte. “¡No es justo! ¡Cuánta ignorancia!” pienso enfadada.

Subo la calle recordando aquella mañana en la que me acerqué a la asociación de autismo que tenía más cerca de casa. Me sentía tan ridícula al llegar y no saber muy bien por donde comenzar a preguntar…

Al doblar la esquina me detengo ante el parque donde se divierte un grupo de niños de tu edad, y me entristezco pensando en tus dificultades para relacionarte y como a veces te resulta tan complicado entender las reglas de un sencillo juego.

Continuo calle abajo recordando las palabras de la psicóloga de la asociación…tienes dificultades con la comunicación y la imaginación. Me dijo que existen múltiples métodos para trabajar y desarrollar esto, los pictogramas son uno de ellos. Son esos dibujos que traes en tu carpeta cada tarde y que me ayudan a comprenderte mejor y sobre todo a que tú te hagas entender, porque tienes voz, porque la voz no siempre es un sonido ¿verdad?

Finalmente entro en el metro convencida de que ya sabes multiplicar a pesar de tu edad, porque aunque aparentemente todas estas alteraciones resten a tu vida diaria, tú sabes la manera de aumentar tus fortalezas y cualidades, más y más, multiplicando por mil todo aquello que te hace único y maravilloso.

Al miércoles siguiente recorro el camino inverso. Salgo del metro y subo la calle pensando en tu cancioncilla, esa que según tu mamá inventaste hace muchos años y que no has dejado de cantar cada día “ocho, cuatro, seis, siete, dos”.

 

Para mí, ocho son las vueltas que te gustan dar al comienzo de tu canción favorita.

 

Me apresuro, acelero el paso y rápidamente doblo la esquina que me deja ver el parque con sus coloridos cuatro columpios, en los que te gusta subirte tras salir de nuestra clase.

Bajo la calle con paso ligero, feliz de que son casi las seis de la tarde, y que está a punto de comenzar otra clase más en la que estoy segura de que yo aprenderé mucho más que tú de los pequeños detalles que tanto importan.

Siete son los escalones que subo para entrar en el cole, y siete los dibujos de animales que decoran nuestra clase y que observas detenidamente cada día.

 

Entro en clase y veo tus dos botitas rojas, que inquietas esperan que comience la música.

 

Ocho, cuatro, seis, siete, dos… ¿bailamos?

Elena Mesa

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“¿Por qué en mi cole no hay niños como ella?” relato nº 32 – VI Cuéntame el Autismo

“¿Por qué en mi cole no hay niños como ella?” relato nº 32 – VI Cuéntame el Autismo

Os presentamos el relato número 32 de Cuéntame el Autismo “¿Por qué en mi cole no hay niños como ella?” que nos envía Carola Méndez García, desde Madrid

¿POR QUÉ EN MI COLE NO HAY NIÑOS CÓMO ELLA?. YO QUIERO JUGAR CON ELLA
Me preguntó una niña de la edad de Irene.
La pregunta más difícil, dura, dulce de contestar que me han hecho en mi vida.
Estábamos en un parque infantil con toboganes, camas elásticas, piscina de bolas. Lo pasa
genial!.
Estaban las dos saltando y riendo. Cuando ví que le preguntaba el nombre me acerqué.
-¿Eres su mamá? ¿POR QUÉ SÓLO RÍE Y NO HABLA?
Intenté explicarle como puede que era diferente y que reía porque estaba contenta de saltar
con ella. Y así era, siento que estaba feliz de compartir con su amiga.
Pensé que la pequeña me iba a continuar preguntando y ¡no iba a saber qué decirle! ¿cómo
improvisar? Sin embargo me adelanté, lo comprendió.
Me impresionó, pues tengo el recuerdo de cuando era niña y comenzaba con una cadena de
infinitos ¿por qué, por qué? poniendo en aprieto a mis mayores…pero eran otros porqués:
sobre la vida, los fenómenos naturales… no eran interrogantes de ¿por qué otra niña era
diferente?. Entonces la comprendí , comprendí ¿por qué no siguió preguntando? Porque los
niños no discriminan, tienen infinitas curiosidades pero NO DISCRIMINAN. Tienen instinto, son
puros.
Me contestó:
– Ahhh, (con sorpresa) ¡yo no sabía que había niños como ella!. Con ilusión de compartir
juegos y sonrisa que cala el alma.
Mientras hablaba con la pequeña, miraba dónde había ido Irene. Siempre estoy pendiente
porque es imprevisible y no ve los peligros. Entonces me dijo la niña:
-No te preocupes, ella salta aquí y se va a la otra colchoneta, va y vuelve, va y vuelve siempre.
¡ya verás ahora viene!
Me quedé helada…
El ir y volver es una característica de su autismo. La niña se dio cuenta y lo vio como algo
natural. ¡Increíble cuando me lo explicó con una empatía preciosa!
No puedo describir la cantidad de emociones encontradas: sentí que todo era más sencillo,
sentí que la inclusión podía ser fácil…sentí que los niños podían compartir juegos, deportes sin
poner ellos barreras.
Después me dijo con pena ¡En mi cole no hay niños como ella!…¿por qué?
¿Cómo respondía a esa pregunta que ni yo comprendo?
Sé que no habría dificultad en que en su cole hubiese niños como ella, con gran necesidad de
apoyo, con gran dependencia. No podría compartir el mismo método de enseñanza, pero eso
no es problema pues existe la modalidad de Aula estable: un aula de educación especial
incluida en un colegio de educación ordinaria. Así tiene sus necesidades cubiertas en cuanto al
método necesario para su aprendizaje, pudiendo compartir juegos, recreo, deportes,
actividades de plástica. Compartir los momentos de ocio si tuviese los apoyos humanos
necesarios.
¿Cómo explicarle lo que yo no entiendo? ¿por qué habiendo tantos profesionales en paro
pudiendo trabajar para conseguir la integración? Profesionales con una humanidad,
preparación y altruismo indescriptible. ¿por qué en tu cole no hay niños como ella? me
preguntaba yo, mientras pensaba en la respuesta a darle. Le dije con naturalidad, no te
preocupes que ya habrá, son poquitos y no pueden estar en todos los coles.
¡¡Demasiadas emociones!!
Pensaba mientras tanto “ si los niños supierais por qué no hay niños como ella en vuestros
coles… siendo posible…”
Siguieron jugando y saltando. Además de estar yo, estaba un equipo de profesionales del
parque infantil, siempre atentas. Agradecimiento enorme a tanta bondad.
Después me preguntó ¿cómo la entiendes si no habla?. Le expliqué que hacía lo mismo que
hizo ella cuando observó que iba y venía y así la comprendía. También le dije que con fotos
(pictogramas).
Enseguida me dijo: ayyy quiero tu dirección para que cuando vaya de viaje le pueda mandar
una postal y que se ponga contenta!…
Muy intenso, muy bonito…
Comprendí tantas cosas….
No hay tantas barreras…
Sentí tanta emoción también al ver a las profesionales que llevaban el parque infantil,
brillarles los ojos de emoción. Al ver que era posible la integración, la inclusión, la diversión
conjunta.
Sentí una gran felicidad, como un abrazo de la vida, también tristeza…
Ella con su autismo, su gran dependencia, es diferente pero es igual su necesidad de diversión,
de ocio…
Recuerdo el día en que las dos jugando con el barro, colocó armónicamente unas hojas sobre
él, fotografié su creación: forma diferente de jugar y a la vez también igual que los demás
¡¡¡con una sonrisa al mancharse de barro!!!. Me maravilló, mis ojos brillaban como las hojas
con la luz del Sol.
Me pregunto si algún día no tendremos que hablar de inclusión porque sea un hecho, tan
natural para los adultos como para los niños…

Carola Méndez García

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“Mi pequeño tritón. El agua. El silencio. ” relato nº 31 – VI Cuéntame el Autismo

“Mi pequeño tritón. El agua. El silencio. ” relato nº 31 – VI Cuéntame el Autismo

Os presentamos el relato número 31 de Cuéntame el Autismo “Mi pequeño tritón. El agua. El silencio. ” que nos envía Vanesa Pérez Padilla, desde Melilla

Silencio. Te veo flotando sobre el agua y solo pienso en el silencio. Tu sonrisa relajada, tu expresión de paz, tus brazos recibiendo la luz del sol. Y el silencio. Ese silencio que tanto necesitas en un mar de ruidos que te devora, en un mundo lleno de rostros, de luces, de voces que te sobrepasan. En el agua eres otro ser. Eres libre.
Eres capaz de saltar esos obstáculos que en tierra firme se te resisten, porque aún, a tus casi diez años, no sabes hacerlo.
Eres capaz de lanzarte sin miedo a la piscina, con seguridad, con confianza, cuando el caminar, el bajar unas escaleras, simplemente el mantenerte en pie sin tropezar pueden suponer un reto que te deja exhausto y temeroso.
Puedes recorrer distancias eternas sin descanso, apenas tomando unas bocanadas de aliento y regalándonos esa mirada de satisfacción, de logro, de éxito. Mientras, el firme del suelo se te resiste, te boicotea, hace que te caigas una y otra vez, que pierdas el control de tus extremidades, te lesiona, te hiere.
Eres capaz de sumergirte durante largos segundos que me resultan horas y me encogen el corazón, para demostrarme que eres uno con el líquido elemento.
Te mueves ágil, te mueves raudo. Eres un tritón que fuera de su entorno camina desgarbado, utiliza pañal, no habla, no puede coger un lápiz para expresar lo que necesita, que sufre por la incomprensión que esa impotencia le genera. Pero cuando te zambulles desaparecen todas esas barreras, todo ese dolor.
Ante tus arranques de ira, de energía sin control, solo el agua puede ejercer de bálsamo.
Cuando pensábamos que nunca encontraríamos algo que te motivara, que pudiera sacar de ti ese potencial que sabemos tienes, porque tu mirada así nos lo dice, en ese momento preciso apareció ella, nuestra sirena. Y te dejamos, con miedo. Te recibió con gran voluntariedad y vocación, libre de prejuicios. A los dos días había conseguido que dejaras la burbuja fuera de la piscina. Al poco ya sabías flotar. Te fue conociendo, te fue respetando, te fue probando, te fue exigiendo. Algo que nunca habríamos creído posible. Te dio la oportunidad de crecer, de disfrutar, de retarte a ti mismo. Nos dio amplitud de miras, diferentes perspectivas, ver más allá de los no puedes, no llegas, no eres capaz. Año tras año, y ya van cuatro, consigue sorprendernos y emocionarnos. Porque puedes. Porque pueden.
Solo hace falta querer y creer. Querer y creer que todos podemos, que todos tenemos lugar en este mundo, que todos tenemos capacidades dentro o fuera del agua. Se pueden lograr cosas increíbles con pasión, con tenacidad y no dejándose llevar por el derrotismo. Y para ello necesitamos convencernos de que ellos sí pueden.
Rodrigo, eres un ser de agua, que cada vez que sabes, intuyes que el momento de la piscina se acerca mudas la piel por escamas, te yergues y comienzas a transformarte. Que nos regalas la mejor de sus sonrisas. Que nos agradeces con la mirada, esa que brilla y habla. Que nos envuelves en ese abrazo infinito que hace poco has aprendido a dar y que nos deja sin aliento. Que sin mediar palabra gritas un “gracias mamá” que se me clava en lo más profundo y me recarga de energía y amor, aún a pesar de los días más oscuros. Pensar que pudieras realizar algún deporte es algo que había descartado a nivel subconsciente, como tantas cosas.
Ahora, en la distancia, lamento mi pérdida de fe y me replanteo mi vida de inicio a fin. Veo todo lo que eres capaz de hacer, y deseo acompañarte en ese camino, un camino en el que necesitamos de esos profesionales que están de verdad. No podemos ni debemos cerrar esa puerta. Las capacidades de cada uno de nuestros pequeños están por descubrir. Que nadie me convenza de lo contrario.
El futuro es incierto, tú nos lo vas marcando día a día, con tus pequeños, pequeñísimos avances y tu perenne sonrisa. Y, aunque quizás tengamos que separarnos, el agua será siempre nuestro lugar de encuentro, nuestro medio de comunicación, nuestro abrazo más sereno.
Mientras tanto, volvamos a disfrutar del silencio.

Vanesa Pérez Padilla

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“De detectives, ballenas, y bailarinas” relato nº 30 – VI Cuéntame el Autismo

“De detectives, ballenas, y bailarinas” relato nº 30 – VI Cuéntame el Autismo

Javier Gómez García nos envía desde Santurce (Vizcaya) el relato número 30 de esta sexta edición de Cuéntame el Autismo con el título “De detectives, ballenas, y bailarinas”.

-Álvaro me preocupa mucho, lleva varios meses muy inquieto, no para un segundo, se muerde, nos intenta golpear sin motivo aparente, ¡es muy duro verle así casi a diario, y no poder hacer nada por ayudarle! – comenta una educadora.
-Quizá podríamos valorar consultar a su psiquiatra sobre un cambio de medicación, … – sugiere otro profesional.
-Yo creo que deberíamos de profundizar más en sus gustos y preferencias, ocio, etc…, hay mucho que descubrir aún – aporta Olivia, una educadora.
Y así termina otra más de las reuniones que los adultos suelen tener: llenas de buenas intenciones iniciales y propósitos de mejora, pero habitualmente carentes de soluciones reales y prácticas para los problemas por las que fueron convocadas.
———-
Me gustan las ballenas, son grandes pero muy ágiles en el agua, completamente libres. Parece que bailan, yo quiero ser como ellas, … pero no puedo, NO PUEDO, ¡¡NO PUEDO!!. Por eso no quiero dejar de ver el video, ¡me relaja!.
¡Eh! No me lo quitéis, un poco más. Estoy haciéndote el signo “Más”, respétalo, … no quiero ducharme ahora, ¡todavía no! Mira el signo, ¡respétalo!
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Ruido, barullo, forcejeo, angustia amplificada por mil. Álvaro puede ver, por unos breves instantes, la cara preocupada de Olivia, observándole desde cierta distancia, devanándose los sesos para buscar soluciones en un mar de incógnitas colosales.
Aquí hay algo que se nos escapa, tenemos que abordar más aspectos de la vida de Álvaro, y no quedarnos solo en la rabieta … Divaga Olivia con gesto preocupado e intrigado, el mismo que suelen tener las personas que se enfrentan a retos profesionales tremendamente complicados pero a la vez motivadores y atrayentes, mientras manosea distraídamente las carcasas de los documentales que tanto le gustan ver a Álvaro.
———–
La búsqueda. Es lenta, angustiosa y con resultados inciertos; tiene mucho de labor detectivesca. Impulsados por Olivia, el equipo se lanza a la tarea:
Entrevistas con los padres y entrevistas con educadores e integradores, y también entrevistas con monitores de tiempo libre, y con médicos especialistas, y con psiquiatras, y llamadas a los hermanos de Álvaro y también llamadas a antiguos monitores, y …. vuelta a empezar con el proceso.
Y, además, mucha observación, en diferentes contextos y momentos, con diferentes personas, creación de registros específicos, …. Varias propuestas de intervención probadas, desde diferentes enfoques técnicos, pero con resultados no concluyentes.
Las hojas del calendario pasan. Labor detectivesca de cribado de información, del pasado y del presente de Álvaro. Confrontación de los datos obtenidos de tan diversas fuentes; por momentos pequeños chispazos de éxito, … pero no se consigue engranarlo todo coherentemente.
Desaliento.
Obstinación.
Frustración.
Y de repente… ¡ZAS!
Neuronas que se interconectan en una explosión sináptica en el cerebro de Olivia, ante un montón de evidencias, un día normal, ante un momento común de una tarde cualquiera. Electricidad y luz a raudales, datos y pistas inconexas que ahora se interconectan en diferentes regiones cerebrales, conceptos que ahora cobran sentido, que siempre han estado ahí, pero que necesitaban el catalizador del trabajo en equipo en la búsqueda de información. Un único fin: que todo ese saber y experiencia acumulada sobre Álvaro sean útiles para apoyarle, que su vida sea mejor y pueda disfrutar de lo que realmente quiere.
— videos — agua — ballenas — piscina — documentales — azul — Olimpiadas — nadadoras de sincronizada — coreografías — delfines — libertad de movimientos — …felicidad y tranquilidad.
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-Las primeras sesiones en la piscina no han podido ser más satisfactorias; disfruta y está relajado. Tanto a nivel físico y de motricidad, como a nivel emocional, es sumamente positivo para él. Se ha convertido en su actividad preferida de la semana – le relata un educador a la madre de Álvaro, tras un par de semanas del inicio de la actividad en el polideportivo municipal.
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Olivia observa a Álvaro disfrutar de lo lindo en el agua: se mueve con una agilidad increíble, no necesita ayuda, se sumerge, hace piruetas subacuáticas… no vive las limitaciones de movimiento con las que brega diariamente en tierra, y todo ello con una sonrisa de felicidad plena.
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El agua me mece en el fondo de la piscina, apenas hay ruidos, un azul claro agradable hasta donde alcanza la vista, solo quiero subir a la superficie para respirar, como las ballenas, y hacer mil piruetas, como esas bailarinas de la televisión, … ¡qué tranquilidad!

Javier Gómez García

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