El timerosal y las vacunas

El timerosal y las vacunas

Compartimos en nuestra Web esta columna de opinión del Sociólogo y Académico de la Universidad del Bío Bío, Alexis Rebolledo publicada en el portal digital El Mostrador, en la sección blogs&opinión el pasado 27 de diciembre.

Recientemente en Chile el Senado aprobó un proyecto de ley que elimina el timerosal de las vacunas, apelando al principio de precaución de que éste podría ser dañino para los niños. Pero ¿provoca autismo el timerosal presente en las vacunas? Categóricamente, no.

Los miedos al timerosal tienen su origen en un artículo refutado y retirado de la revista científica que la publicó por adolecer de serios problemas éticos y metodológicos (ver nota), pero a pesar de ello los temores siguen estando mañosamente vigentes. Uno entiende que los padres y madres preocupados por la salud de sus hijos se alarmen si escuchan a otros padres que les dicen que tras vacunarlos “les dio autismo”, lo inentendible es que de un miedo legítimo (pero no válido) se haga política pública y se dicten leyes. Parece que la divulgación del estado del arte no ha llegado a nuestras autoridades, por lo que no está de más hacer un breve recuento de investigaciones recientes sobre el tema. Veamos:

En Vaccine (2001); en el Journal of the American Medical Association (2001); Pediatrics (2001;2002); en The New England Journal of Medicine (2002); en Psychological Medicine (2004); en el Journal of Autism and Developmental Disorders (2006). ¿Cuál es la conclusión de esos papers? Todos rechazan que exista causalidad entre la vacunación infantil y autismo. Es más, algunos estudios reportan un aumento en la prevalencia de trastorno del espectro autista TEA a pesar de la disminución en la tasa de vacunación MMR (vacuna contra el sarampión, las paperas y la rubéola). ¿No lo creen? Revisen los estudios en The Lancet (1999) y en Pediatrics (2006).

Otra preocupación principal para los padres es el número de vacunas administradas, tanto en un solo día como de forma acumulativa en los primeros 2 años de vida. Para tranquilidad de ellos, en un estudio publicado en 2013 en The Journal of Pediatrics, los investigadores llegaron a la conclusión de que no existe una asociación entre la recepción de “demasiadas vacunas en poco tiempo” y autismo.

Todavía hay más. La exposición a vacunas o preparados de inmunoglobulina con timerosal no se relacionó con un mayor riesgo de trastornos del espectro autista. Y atención, que eso no lo dice una farmacéutica, lo dice un artículo de investigación publicado en la revista oficial de revisión interpares de la Academia Americana de Pediatría, Pediatrics (2010). Es más, tras evaluar la asociación entre el autismo y el nivel de estimulación inmunológica recibido de vacunas administradas durante los primeros 2 años de vida, no se encontró ningún aumento del riesgo para el trastorno autista o TEA. Revisen ustedes mismos el estudio en The Journal of Pediatrics (2013).

En varios foros y redes sociales se apela a la supuesta retirada del timerosal en otros países como argumento suficiente para replicar la medida. Más allá de que aquello es un argumento débil del tipo “todos lo hacen, por lo tanto debe estar bien”, dichas experiencias de retirada del timerosal no han dado el resultado esperado (cuestión que convenientemente omiten los impulsores de la prohibición).

En el estudio publicado en el American Journal of Preventive Medicine se compararon datos provenientes de California con la información proveniente de Suecia y Dinamarca, donde los sistemas de registros de salud son rigurosos y extensivos. ¿Qué encontraron? Esto:

El aumento de los casos de autismo durante la década de los ochenta se mantuvo durante la década de los noventa, a pesar de que en ambos países las vacunas con timerosal habían sido retiradas en el año 1992. (Gráfico en español aquí).

Esta evidencia contradice fuertemente la noción de que las vacunas con timerosal causan autismo, y de paso quita piso a la idea de retirar el timerosal como medida preventiva del autismo. Y no es la única revisión que existe sobre la experiencia de vacunación en países que han retirado el timerosal. En un estudio publicado en JAMA Psychiatry se examinó la hipótesis timerosal-autismo, entre los años 1995 y 2007, estableciendo que la prevalencia estimada de autismo para los niños se incrementó a lo largo del período. Vale decir, los datos no apoyan la hipótesis de que la exposición al timerosal durante la infancia es una causa primaria del autismo, pues aun al retirarlo la prevalencia de éste no sólo no disminuyó, sino que aumentó.

El timerosal es un conservante utilizado para impedir la contaminación microbiana de las vacunas, su presencia asegura la eficacia y seguridad de las mismas, evita el crecimiento de bacterias y hongos contaminantes. Como se señala en The Lancet, el nivel de timerosal presente en la sangre de los niños vacunados es insignificante como para derivar en una intoxicación de algún tipo.

Los llamados a no vacunar son injustificados, erróneos y dañinos. Vulneran los derechos de los niños, pues los exponen a graves enfermedades. Es más, el daño no es sólo para quienes no reciben vacuna, sino para todos los demás niños vacunados al romperse la inmunidad de grupo.

El llamado “principio precautorio” al que se invoca NO SE JUSTIFICA. No hay evidencia que apoye la medida de precaución, por lo que prohibir el timerosal, lejos de ser una buena medida, lo que hace es propagar el miedo sobre una muy necesaria política pública, pues se envía una señal errónea a los padres que tienen hijos en edad de vacunar. Vamos, un poco de atención a la ciencia, que harto bien que nos hace.

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