Hoy os traemos el noveno relato de nuestro concurso Cuéntame el Autismo que tiene como protagonista a Adrián, enviado por Carmen Capilla desde Madrid

 

Adrián es un niño singular, todos dicen que es un niño muy simpático, parece que siempre está contento, aunque hay veces que sus amigos no entienden muy bien lo que hace.

Como por ejemplo, que se tape los oídos, ante ciertos sonidos, y más en momentos muy divertidos para ellos, como son el recreo o las fiestas.

Adrián a veces, dice frases que los demás compañeros no entienden, o las repite muchas veces, incluso parece que a veces habla solo. Generalmente no mira a los ojos de los amigos ni de los adultos, a no ser que se lo pidan.

Le cuesta estarse quieto o sentado durante mucho tiempo, moviéndose de la silla o balanceando los brazos, o dando saltitos sin parar.

Adrián se muestra muy tranquilo cuando antes de cualquier actividad, le explicamos con palabras o dibujos que es lo que vamos a hacer.

A veces, Adrián se queda sólo. Sobre todo cuando hay juegos nuevos y no sabe muy bien como jugar. Pero sus amigas, siempre le ayudan y le cuentan cómo hacerlo, se lo explican tan, tan bien que acaba jugando con todas.

Hoy es un día especial: Fiesta Navideña del colegio. Todos los niñ@s están muy contentos, y hablan más alto de lo normal. No se siguen las rutinas de cada día, y poco a poco Adrián empieza a ponerse nervioso, no sabe muy bien que debe hacer.

En la fiesta, están todos los niños del colegio hay mucha gente, y gente que Adrián no conoce.

Poco a poco bajan todos al gimnasio y empiezan a estar muy apretados……se mezclan muchos olores, y por momentos, Adrián siente que ya no puede respirar.

Entonces empieza a fiesta; los niños cantan y gritan, ponen la música muy fuerte. Adrián se queda en un rincón, tapándose los oídos, y cada vez se siente más y más triste, más y más nervioso. Entonces, por la ventana entró una mariposa que se posa en su hombro.

 

Adrián, escuchó como decía su nombre y como le hablaba:

 

“Adrián, Adrián ¡mira en tu hombro!”

 

“Pero,… ¿Quién eres? ¡Tu eres una mariposa!, ¿Cómo sabes mi nombre? Y ¿cómo puedes hablar?,  las mariposas no hablan el idioma de los niños”.

“Adrián, -dijo la mariposa- las mariposas os observamos cada día pero las personas van tan, tan rápido que no se paran a escucharnos”

Adrián acompáñame. Cierra los ojos y dime, en qué lugar te gustaría estar.

 

Adrián, se puso a pensar… en ese lugar en el que todo estaba en calma, donde no había gritos, ni ruidos, todo estaba en silencio.

Cuando estés nervioso, cansado, con ganas de correr o notes que no entiendes nada; siéntate, cierra los ojos, y respira.

Coge aire, no lo sueltes hasta que cuentes hasta tres, y mientras lo sueltas tranquilo, piensa en el color de mis alas, o píntalas de los colores que más te gusten…

También puedes tararear esa canción que te gusta, o pensar en tu comida favorita, esa que te encanta por encima de todas las comidas del mundo.

 

A mí me encanta darme abracitos, apretarme bien fuerte y decirme cosas bonitas.

 

Adrián, cogía aire, contaba tres en su cabeza y lo soltaba, se ponía las manos en la tripa y le hacía gracia ver como se hinchaba y se deshinchaba al ritmo de su respiración.

Adrián respiraba tranquilo, y mientras cogía y soltaba el aire, se imaginaba estar en su habitación llena de mariposas de color naranja, azul y verde, todas igualitas, volaban mientras cantaban su canción favorita « feelling» mientras el saboreaba un helado de menta de una sola bola y de cucurucho pequeño que era exactamente el que a él más le gustaba del mundo.

Tan a gusto y tan tranquilo estaba, que de repente, sintió que cogían su mano y Adrián abrió los ojos, y se dio cuenta de que estaba ahí.

Si, ahí, en el gimnasio, en la fiesta, y que estaba todo lleno de niños que gritaban y bailaban, todos muy contentos y muy apretados.

 

No se lo podía creer, los niños seguían apretujados pero él estaba en calma.

 

Dame la mano amigo, -dijo su amiga Laura- si quieres puedo sentarme a tu lado o irnos fuera a respirar aire fresco.

Adrián miro a la mariposa que aún estaba posada en el hombro, y ella le habló al oído; Adrián ya lo has encontrado, tu lugar secreto, tu salida, ese lugar al que siempre que tú quieras puedes ir, es tu lugar de la calma.

 

Tú decides cuando ir, es todo tuyo. Pon y quita de él lo que quieras, es para ti. Y salió volando desplegando sus preciosas alas.

Adrián dime ¿qué quieres hacer? Le volvió a preguntar su amiga… Quiero…. ¡¡¡¡¡¡quiero bailar!!!!!!!!

 

Carmen Capilla Pérez

 

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