El relato número 26 de esta sexta edición de Cuéntame el Autismo es “Los padres de Juan” y nos llega desde Tomares (Sevilla), de la mano de Daniel Ansias

Juan tiene 40 años, posee conocimientos de distintas materias sin embargo, a su vez, siempre ha sido muy poco comunicativo.
Muchos días contemplaba bellos atardeceres, mientras iba tranquilamente pedaleando por el paseo marítimo de su pueblo, pero un día sufrió un desgraciado accidente.
Obligado a pasar algún tiempo postrado en la cama, el miedo se fue apoderando de él y nunca encontraba el momento para volver a coger una bici o realizar algún otro tipo de ejercicio físico.
Mostraba un gran interés en todo lo relacionado con el mundo del ciclismo, la natación o el atletismo, llegando a seguir muchos de esos acontecimientos deportivos, especialmente los relacionados con el ciclismo, ya por TV o de forma presencial.
Sus padres estaban preocupados por la actitud pasiva de su hijo a la hora de realizar ejercicio fisco y que sólo se centrara en lecturas de libros históricos, costumbristas o de novelas épicas. Por otro lado no cesaba en su empeño de labrarse un futuro laboral interesándose por posibles cursos de actividades administrativas o de cocina, otra de sus grandes pasiones.
Le encantaba todo lo relacionado con el mundo de los fogones y muchas veces se encargaba de preparar excelentes postres para disfrutar con su familia o cuando recibían la visita de amistades.
Apoyado por sus padres, participó en un curso de cocina organizado por el ayuntamiento y que incluía un periodo de prácticas laborales en conocidas casas de comidas.
Pronto, llegaría a destacar por sus grandes cualidades como pinche de cocina, llegando a conseguir su primer contrato laboral. Poco a poco, conseguía labrarse un buen porvenir, pero seguía sin hacer deporte ni relacionarse con la gente, ello creaba un sabor agridulce en sus padres.
Gracias a la ayuda de ellos, que por otro lado se habían quedado sin trabajo, abrió un mesón a la entrada del pueblo, situado en un paraje ideal, muy cerca del río y de un verde prado.
Juan era un gran amante de la naturaleza y había imaginado que aquel espacio podía ser una zona ideal para que, después de comer en su restaurante, los clientes pudieran disfrutar de aquel idílico paraje.
Ahora podían estar más cerca de su hijo y así explorar juntos nuevas formas de sociabilización, así como también seguir intentando que perdiera el miedo para coger una bici o hacer algo de ejercicio físico.
El padre también compartía con su hijo la afición por la cultura gastronómica, incluso tiempo atrás había trabajado en un restaurante como camarero.
Un día los padres acudieron a una conferencia donde se habló precisamente sobre qué actitud se debe tomar ante personas como Juan. De allí salieron muy contentos y con algunas ideas para potenciar que Juan reanudara las actividades deportivas y de ocio, por las que antes ya había sentido una atracción.
De vuelta a casa, pensaron en proponerle diversas actividades relacionadas con alguna necesidad y que combinaran ilusión y deporte, de forma que volviera a ponerse encima de una bici.
Pensaron en aprovechar el amplio campo que tenían alrededor del mesón, en el que Juan podría plantar y cuidar personalmente un pequeño huerto. Ello cuando menos le obligaría a caminar hasta el lugar haciendo algo de ejercicio físico.
Idearon ponerle una condición para encargarle el cuidado del huerto: sólo se lo propondrían si aceptaba que para desplazarse hasta el lugar antes de empezar a trabajar, correría un día y otro iría en bicicleta. Para que Juan se fuera olvidando del miedo, le dijeron que durante un tiempo iría un instructor a su lado, comentándole la fórmula adecuada para ir correctamente en bici.
Por otro lado, los padres también le sugirieron que programara y empezara a dar cursos de cocina básica; pero además esos cursos se complementarían con salidas a huertos, para que los participantes pudieran conocer mejor los alimentos que más tarde emplearían en el curso de cocina básica.
El objetivo no era únicamente que los participantes pudieran conocer recetas básicas de cocina o de crecimiento y de maduración de los diferentes alimentos, sino que además también se trataba de crear un clima de convivencia y amistad entre todos los que se inscribieran en el curso, diseñando esas salidas en por lo que las salidas en forma de yincanas.
Poco a poco, los padres fueron consiguiendo sus objetivos y Juan empezó a ser una persona más sociable, al margen de haber perdido el miedo a volver a montar en bicicleta.

Daniel Ansias 

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