El relato número 23 de esta sexta edición de Cuéntame el Autismo es “Medalla de oro, campeón” y nos llega desde Lebrija (Sevilla), de la mano de Dolores Trigo

Cuando tú y yo comenzamos juntos esta carrera de fondo sabía que llegaríamos a la meta victoriosos. Quizás no llegaríamos los primeros, es posible, pero, ¿qué importa eso?
Tú y yo sabemos que lo más importante siempre es llegar, antes o después, pero llegar a la meta. La meta de la vida.
A veces, en la primera carrera, uno espero llegar el primero. Es tanta la emoción contenida que nos marcamos el listón muy alto. ¡Llegaremos los primeros! Nos ponemos en la salida y esperamos con ilusión que el árbitro toque el silbato para correr todo lo que se pueda. Solos tú y yo aunque rodeados de gente. Pero, no siempre es así, a veces aunque quieras correr muy deprisa no se puede. A veces, el estado no es el ideal. Ruidos, gritos, familias haciendo fotos, empujones, nervios y un sinfín de sentimientos que quizás para mí son imperceptibles pero no para ti. No para tus ojos, no para tu corazón, no para tu alma. Te pones nervioso, y quieres huir, lógico, normal. A veces yo también lo haría, y ¿quién no? Alguna mirada atrevida que nos observa, incluso se atreve a opinar, quizás sin ofender, es probable. ¡Ay! Mi pequeño cuánto nos queda por concienciar.

No te preocupes campeón, esta carrera la vemos de lejos. A veces, de lejos también podemos ser campeones, tú esta vez ya lo has conseguido. Tranquilo, lo volveremos a intentar una y mil veces más. No te preocupes.
Casi un año después, nos encontramos de nuevo en la misma salida, con las mismas ilusiones, proyectos. Esta vez, rodeado de tus amigos y amigas, esos que te animan, incluso repiten: ¡Este año lo vas a conseguir! Claro que lo vamos a conseguir, no me cabe la menor duda.
Me miras con una mezcla de ilusión y nervios. A veces, en estos casos, me gustaría decirte. ¿Quieres marchar? ¿Te encuentras bien? Pero, esta vez, sé que puedes, y lo sé porque eres un campeón, mi campeón. Hemos luchado mucho y todo saldrá perfecto. Y de no ser así, no pasa nada. Lo volveremos a intentar.
Nos colocamos en la línea de salida y antes de tocar el silbato me agarras fuerte tu pequeña mano a la mía. Quieres protección, seguridad, no importa, este año corremos juntos. Siempre juntos. Vuelven los gritos, música, bullicio, estás nervioso, te tiembla tus manos. No hemos llegado los primeros, pero ya no hay miradas indiscretas, al contrario, nos vitorean como si de una medalla olímpica se tratara. Formamos un buen equipo.
Te miro, tu corazón y el mío van muy acelerados. Pequeño, de nuevo, objetivo conseguido. Tercera carrera, otro año, aquí juntos de nuevo en la línea de salida. Ya no te agarro tu mano, ya nadie cuchichea. Al contrario, todos nos conocen, somos uno más. Vuelven los gritos, ruidos, música, pero ya no te asustas. Todo eso ya está superado. Te miro de nuevo, me miras, no puedo estar más orgullosa de ti. Mi mente se llena de recuerdos. Estoy aquí, en la meta, esperando a que llegues, te doy un gran abrazo, de esos que llegan hasta el corazón. Conseguimos una medalla y podía ser otra que de oro.
Esta carrera la hemos ganado los dos, por nuestra, perseverancia, pasión, paciencia, concienciación, sonrisas… Y es que mi pequeño,
“Lo importante de llegar a la meta es lo que aprendes por el camino”

Dolores Trigo

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