Continuamos con el artículo Barreras que no se ven, opinión de Raul Rosa  que publicamos ayer.

Al igual que el mantenimiento de las aceras y cumplimiento de las normativas de tráfico,  para una persona con TEA el cumplimiento de los horarios en los transportes, la hora de cita de un médico, evitar las largas colas en el supermercado, las indicaciones de los lugares como salidas, entradas, escaleras, baños, son fundamentales para facilitar la vida. Trasmiten estabilidad y seguridad, evitando  angustia, ansiedad y estrés.

Al igual que todos los discapacitados necesitamos ayudas ante esas barreras. Y las instituciones y empresas privadas pueden ayudar, como trabajar en la identificación rápida de estos problemas en las revisiones y el reconocimiento de problemas de movilidad en la concesión del grado de discapacidad, agilizar la tarjeta especial de aparcamiento europea, crear más plazas de aparcamiento dedicadas tanto en las calles como en centros comerciales, de ocio y parques, aseos adaptados, indicaciones claras mediante iconos y señales, eliminación de listas de espera en consultas médicas, accesos especiales para espectáculos y centros de ocio, carritos con sillas grandes para hacer la compra, plazas preferentes en medios de transporte, cierre de los andenes de los trenes y metros mediante cristaleras que ya se encuentran instaladas en otros países.

Estas son unas de las muchas cosas que se pueden hacer para ir eliminando barreras y peligros que son con los que nos encontramos a diario. Pero sobre todo dar a conocer estos problemas a la gente para intentar que nos ayude o por lo menos que nos comprenda.

Son muchos los esfuerzos de las asociaciones de padres en dar a conocer estos problemas y admirables las iniciativas como desde hace varios años tiene el programa AMI TEA del Gregorio Marañón en dar preferencia en sus consultas a este tipo de pacientes. Se agradecen mucho la cantidad de plazas de aparcamiento de los nuevos centros comerciales, importantísima la creación de intercambiadores como el de Príncipe Pío con la separación de la zona de rodadura de los autobuses de las salas de espera. Así como la concienciación de muchos de los profesionales encargados de las valoraciones preocupándose de la necesidad de aplicación del baremo de movilidad reducida en las personas con TEA.

Raúl Rosa Gil

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