La semana pasada nos fuimos a Zarautz, una preciosa localidad costera de Gipuzkoa. Ahora, y de nuevo de la mano de la Asociación Antares, cambiamos de costa y nos plantamos en Tarragona. Otra experiencia inolvidable que nos trae uno de los monitores, Víctor García.

Fuente: Asociación Antares

Qué decir de una estancia peculiar. Sobre todo, debo primeramente dar mi enhorabuena al equipo de trabajo (voluntarios, monitores en prácticas, profesionales) que ante las adversidades que se presentaron sobre el terreno: calor, humedad, y la presencia de unos seres conocidos por el nombre de mosquitos -a los que gustamos especialmente, dándose un verdadero atracón con nosotros-, supieron salir airosos.

El equipo realizó un trabajo encomiable, llevando al grupo de chicos a disfrutar con cada taller, cada actividad, en los ratos de playa y piscina. El tiempo nos acompañó y pudimos gozar de una verdaderas vacaciones debajo de la sombrilla y tomando nuestros aperitivos al borde de la piscina. Todo ello, aderezado por unos bonitos viajes en barca, desde la bahía en la costa de San Carlo de la Rápita, llegando a ver la mejilloneras, hasta surcar las aguas del río Ebro para acabar en la desembocadura del mismo.

Momentos entre amigos

Cada momento entre amigos fue único. Entre risas, juegos y fiestas, se nos fueron pasando los días.

Quiero destacar la hospitalidad recibida por parte del personal del albergue, personas muy comprometidas y pendientes en todo momento de nuestra comodidad. Nos sentimos como en casa y fuimos conocidos en el pueblo entero, ya que casi duplicamos su población, durante los quince días.

Aprendimos a compartir momentos juntos, a encontrarnos en espacios comunes y disfrutarlos.

Quiero dar las gracias a nuestros monitores en prácticas Javi, Laura y Andrés, que a pesar de ser su primera experiencia en este tan apasionante mundo, supieron integrarse muy rápidamente, mostrando un interés por el bienestar de los chicos.

Fueron apoyo para ellos desde el primer día. Nuestros profesionales, Maite y Fer, dieron, como siempre, el máximo, y demostraron el porqué dedican su tiempo a los demás. Y cómo pasar por alto a nuestra gente voluntaria: Paloma y Ana, que decidieron pasar sus vacaciones y compartirlas con nosotros, gracias.

Fue un viaje inolvidable, una página más escrita en este gran proyecto que hacemos todos.

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