A pesar del autismo que padece, este tenor de 25 años tiene un talento innato para la música.

Los parlantes del auditorio anuncian que en cinco minutos el tenor Jimmy León estará en el escenario. Y, tras bambalinas, la tensión es evidente.

Lucero Herrera, la mamá del joven artista, se encarga de ultimar detalles: «Arréglate el saco para que no se vea arrugado… mueve los músculos de los hombros y respira, así vas a estar más relajado», precisa la mujer en tono cálido.

Por fin, se abre el telón, y sin más preámbulos Jimmy empieza a interpretar las primeras líneas de ‘Isabel’, una de las canciones más reconocidas de la agrupación Il Divo.

Jimmy cierra los ojos en un intento por evadir las miradas que se posan en él y mantener así la calma.

Pero luego se entrega de lleno al público, eleva su voz a la máxima potencia y el auditorio estalla en aplausos.

La emoción de Lucero no es la misma que sentiría cualquier madre en su lugar: el joven tenor padece de autismo, y en esa condición enfrentarse a un escenario se convierte en todo un desafío.

Lucero recuerda que descubrió el autismo de su hijo a los 2 años, y aunque el hallazgo fue devastador, el que su pequeño fuera feliz se convirtió en su objetivo de vida.

Por su condición de madre soltera, esta maestra de Sociales tuvo que desplazar su jornada laboral a la noche para dedicarse de lleno a la formación de su hijo. Así, Jimmy aprendió sus primeras palabras y, lo más importante, a mirar a los ojos a su mamá.

«La clave para superar el autismo es diagnosticarlo a tiempo. Por eso, desde el comienzo me puse al frente de sus terapias». Y agrega que el siguiente paso fue escudriñar entre sus gustos para encontrar su talento.

Para lograrlo, bastó un disco de música infantil, del que ambos destacan con emoción el clásico ‘La iguana y el perezoso’, que el pequeño cantaba hasta la saciedad.

Así, a sus escasos 6 años, empezó su carrera musical, que pasó por el coro infantil de la casa de la cultura de Zipaquirá (Cundinamarca), la Fundación Batuta y el programa de música infantil de la Universidad Javeriana; en ese camino se hizo evidente que Jimmy tenía oído absoluto, una habilidad innata.

De manera paralela, avanzó en sus estudios de primaria y bachillerato. «Se graduó del colegio Cristóbal Colón, de Usaquén, con el mejor promedio», precisa Gloria Currea, rectora del mismo.

A sus 25 años, Jimmy está a punto de graduarse de la Universidad de los Andes, donde cursó tres especialidades: composición, violín y canto. Esa experiencia fue el insumo para su más reciente producción: una composición dedicada a la Catedral de Sal de Zipaquirá.

Ahora, él espera una oportunidad laboral que le permita pagar los 58 millones de pesos que adquirió con el Icetex para financiar sus estudios.

KAREN CANTE
Redacción EL TIEMPO ZONA

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