Hoy queremos compartir con todos vosotros el agradecimiento  que nos ha mandado Esther Cuadrado por la mención especial del jurado obtenida por su relato “Había una vez una armónica”. Junto con este agradecimiento nos hace partícipes de una dura reflexión y reivindicación acerca de la inclusión y la realidad que viven muchas personas con autismo y sus familias. 

Quiero agradecer la mención especial de este jurado a nuestro relato en nombre de mi hijo Arturo, porque no es ni más ni menos que un reconocimiento a su fuerza, a sus cualidades a lo que tiene que aportar, compartir y enseñar a sus iguales. Los  iguales de mi hijo son personas libres e iguales en dignidad y derechos como él, personas sin etiquetas.

La inclusión no es un principio utópico,  ni un sueño, forma parte de sus DERECHOS HUMANOS, de todas y cada una de las personas con autismo. Como cualquiera de los derechos inherentes a la condición de ser humano de cada persona, no puede graduarse en función de presuntas dis-capacidades ni conveniencias, del mismo modo que nadie justificaría la lapidación de una mujer en función del estatus social de su marido por ejemplo.

Quiero aprovechar esta oportunidad para denunciar alto y claro la  exclusión, la discriminación y la vulneración de los derechos fundamentales más básicos de las personas con autismo y sus familias. La vulneración de estos derechos no consiste en la falta de financiación de servicios y proyectos segregadores por parte de las distintas administraciones públicas sino que en España, por poner un ejemplo se procesa por abandono de familia a padres de menores con autismo, por cometer el pecado de querer para sus hijos un proyecto de vida en inclusión  y en igualdad de oportunidades.

El confinamiento era el destino asignado antiguamente a los leprosos y, en nuestras sociedades modernas, a los niños delincuentes, a los indigentes y a los locos confinados en asilos, a los  “deficientes” escondidos en  instituciones “especiales” o a los ancianos recluidos en hogares geriátricos de dudoso origen y tenebroso destino.

En el mejor de los casos, el futuro de nuestros hijos se construye desde la sub-ciudadanía, se acepta que las personas con autismo participen de la vida social sin los derechos de aquellos que sí poseen las cualidades necesarias para una vivencia activa y plena en los asuntos de la comunidad.

Esta forma transparente de excluir se produce mediante la aceptación de gran medida activa de los “incluídos”.  Nadie ve nada, nadie tiene que ver con nada, nadie sabe nada. El silencio todo lo invade. Y cuando las cosas se ven, cuando se  tornan inexcusables, cuando todos saben todo y nadie dice nada, la mirada cotidiana las vuelve ajenas, las aliena.

Los perpetradores de la Solución Final aplicada en la Alemania nazi no han sido ajenos a la construcción social de determinada moralidad, valores y creencias aceptadas por una buena parte  del pueblo alemán como siendo necesarias e imperiosas. Se silencia aquello que, arbitrariamente, se convierte en algo “inevitable”.

Porque la inclusión educativa y social forma parte de los Derechos Humanos de nuestros hijos a vosotros que ejercéis la representación política de las personas españolas con autismo, os pido, 4000 familias españolas os piden, la representación y defensa efectiva de los Derechos Humanos de todos.

Nosotros los padres “no alineados” estamos dispuestos a trabajar para defender los derechos y las necesidades de las personas institucionalizadas, nadie dice que no vayamos a hacerlo, nadie ha dicho que no queramos que así sea, pero lo que no puede hacerse, por garantizar recursos para una minoría, dejar a la mayor parte del colectivo desamparado.

Esther Cuadrado mamá de Arturo.

 

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