MI PULPILLO CON CICATRIZ

Autora: Noemí Soriano

Igual que la gente recuerda el día del diagnóstico (inolvidable) yo recuerdo con un dolor muy intenso el día que por fin caí en la cuenta que a mi niño, a mi Bernardo le pasaba algo.

Tuvimos la reunión de padres en la guardería el 25 de septiembre, como Bernardo es mi segundo hijo en 20 meses me apetecía entre poco y nada ir, pero me esforcé para que un día el pobre no me sacara el tema del segundón ignorado. La profe me pregunto por su hermana (una niña vivaracha y súperespabilada que hablaba por los codos antes de cumplir el año de edad) “Más lista cada día respondí sonriente no como el empanado de su hermano”, me pesa esta frase como una losa en el corazón, el empanado le llamaba yo por aquel entonces. En la reunión nos reímos de los niños, de los que hablaban poco o mucho, o de sus ocurrencias con lengua de trapo, y de repente la profesora señalo una pared llena de pulpos de papel coloreados por los peques, preciosa, llamativa alegre, excepto un pulpo blanco y solitario que contrastaba con los demás, sin una raya, sin un color, solo una especie de cicatriz en mitad de las patitas de aquel pulpo, una revelación, un fogonazo inspirador. Si en el momento de nuestra muerte se ve una cascada de imágenes yo me morí aquel día, un montón de imágenes, de frases, de pequeños miedos, de suaves indicaciones que no habían tenido sentido para mi hasta ese momento( el niño parece que no escucha, no juega con otros, no pinta, no canta,…) exploto en mi interior y supe en un instante que algo se había roto en mi vida, que había un antes y un después y que la bendita ignorancia se había terminado, sin vuelta atrás.

Tras eso, varios meses de médicos, de pruebas, de entrevistas, de locura, de conjeturas, de preguntas sobre mi parto y mi embarazo, de interrogantes sobre una vida tan corta y tan sencilla como la de un bebe de 2 años; llego un diagnostico que llego de puntillas, y de forma solapada y que poco a poco voy domando en mi, “sospecha de Autismo”. Desde entonces vivo en una espiral de emociones, de ira intensa, de sensibilidad, de impotencia, de gratitud, de sorpresa, pero sobre todo ha nacido en mi un Amor que brilla por encima de todo esto, un amor glotón e intenso por mi niño, mi Bernardo, se que ese amor me ayudará a atravesar los años venideros tras ese 25 de septiembre. Te quiero mi Bernardin.

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