CÓMO DESCUBRÍ EL AUTISMO

Autora: Carolina Hortelano Díaz

 

Recuerdo que cuando tenía unos nueve años descubrí finalmente lo que era el autismo, ya que hace años atrás había escuchado muchas veces la palabra autista pero nunca tuve la necesidad de preguntarles a mis padres lo que significaba o que era el autismo. Pero cuando empecé el tercero de primaria la respuesta vino a mí.

Cuando llevábamos una semana de clase un señora a la que yo tenía vista de haberla visto salir de una clase llamada ‘diversificación’ se presentó en nuestra clase con un niño que nunca había visto ni yo ni nadie de mi clase. Nuestra profesora fue ha hablar con la señora de diversificación fuera y dejó al chico en nuestra clase sentado en un pupitre. Todos entusiasmados de que pudiera ser un chico nuevo nos animamos a saludarle ya que nuestra profesora siempre nos dice que tenemos que ser educados y saludar a la gente nueva. Pero pasó una cosa que no nos esperábamos, no contestó. Me quedé muy extrañada porque no sabía si nos estaba ignorando o simplemente era tímido, pero ninguno de mi clase le dijo nada por si acaso. Pocos minutos después nuestra profesora entró sola a clase, sin la señora de diversificación. Nuestra profesora se acercó al chico y nos dijo: ‘Bueno niños, este es Víctor y va a ser nuestro nuevo compañero’. A lo que una chica de mi clase respondió: ‘Señorita, ¿Por qué no habla?’. A lo que ella dijo: ‘Es autista, tiene dificultad para comunicarse con nosotros y no habla’

Pocos días después nuestra profesora decidió sentarme al lado de Víctor y me dijo que le hablara y que le ayudara con los deberes. En la primera semana al lado de Víctor me di cuenta de que sabía escribir y la verdad es que escribía bastante bien, le decía que escribiera su nombre y lo hacía. En general le decías cosas y las hacía, era bastante independiente. Para mí era un compañero normal pero para los demás a lo mejor no tanto, la gente miraba mucho a Víctor cuando estaba conmigo en el patio porque Víctor al no poder comunicarse con palabras hacía ruidos y hacía muchos gestos con las manos como hacen los mudos.

Más adelante me di cuenta de otras cosas sobre Víctor y era que cuando le hablabas tenía la mirada perdida, es decir no te miraba a los ojos y que le daba mucho miedo el agua. En el patío veía un charco en el suelo y se ponía muy nervioso y chillaba. Y los días de tormenta me di cuenta que los ruidos muy altos lo alteraban y se tapaba las orejas para aislarse del ruido, pero también era muy creativo, era más creativo dibujando y haciendo cosas que la mayoría de nosotros.

Me gustó mucho hacer amistad con Víctor porque aprendí muchas cosas del autismo gracias al tiempo que pasé con él. También me alegré mucho de que mis amigos al verme tratar con Víctor se acercaran de cada vez más a él, tenían miedo de estar con alguien diferente a ellos pero acabaron siendo todos amigos de Víctor. Teniendo a Víctor entre nosotros fue muy sano, nos enseñó una lección a todos y es que se puede tratar normalmente con la gente que es diferente a ti, nunca hay que marginarlos. Con todo esto, lo que he sacado es que los autistas no son tan diferentes, simplemente tienen otro tipo de desarrollo.

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