“LAS 20 BOYAS AMARILLAS”

       Autora:  Aurora Santana Dueso

 

 

Era un sábado del mes de verano, en Madrid salí del trabajo para ir a Castellón a recoger mi hijo que está ahí.

A las once de la noche llegamos a Comarruga (Tarragona) donde nos esperó toda la familia, compartimos la cena y la alegría. Al día siguiente, domingo, celebramos por el cumpleaños de mi hijo junto mi sobrino, explotaron todos los globos, soplaron las velitas y comimos la tarta, por la noche todo el mundo desapareció debido a sus distintos compromisos.

El lunes, aproveché para disfrutar exclusivamente con mi hijo durante una semana, empezamos a zambullirnos a la piscina y la tarde a la playa, ahí hay 20 boyas amarillas así los bañistas no pueden bañarse en la zona prohibida. Mi hijo nadando al lado de las boyas y ha llegado hasta la sexta boya, su objetivo es llegar a la final.

¡Cumplió!

El martes, volvimos de nuevo a la playa, mi hijo me pidió que me vaya ahí hasta la 20ª boya amarilla pero no pude debido a las condiciones meteorológicas.

El miércoles, seguimos la rutina y mi hijo nadando y buceando igual que un delfín, yo leyendo un libro con desgana, vi a un chico bastante alto y de pelo negro moviendo mucho los brazos; llevaba una camiseta de color amarillo y pone “Autismo. Aragón” quiero acercarle para saludar ya que mi hijo también lo es, al final prefiero que siga su desenvoltura muy felizmente sin interrumpir, vino mi hijo a pedirme en lengua de signos “amarillo” significa que vayamos hasta el final de la boya, tampoco llegamos ahí ya que era el momento de irnos al apartamento.

El jueves, llegamos a la playa con buen tiempo y bastante calor, mi chico, nada más llegar, ya se moja en el mar. Aquí los veraneantes son personas trabajadoras y humildes, nada es comparable a la gente de Marbella. Apareció de nuevo este chico que está moviendo los brazos, le estuve mirando todo el rato y me encantó, está con su padre, tiene buen aspecto y era bastante atractivo, vi que es un hombre optimista haciendo bromas con su chico. Me bañé con mi chico jugando y riendo, me pidió de nuevo “amarilla” y le hice caso hasta la 15ª, me giré para ver a mi hijo y estuvo feliz al verme al lado de la boya amarilla ¡Cumplí!

Viernes, por la tarde iba a comprar dos palas de playa, nos enterramos hasta el fondo, mi chico se lo metió y le llenó toda la arena hasta el cuello y fuimos jugando y nadando en el mar hasta la 17ª.

¡Cumplimos!

Sábado, vino mi familia, es agradable para todos. Nos fuimos todos a la playa, ya no estuvo ahí el chico de los brazos agitados, cuánto le eche de menos, en aquella tarde había bastante olas aunque con la bandera amarilla, mi hijo ama a las olas desde nació; no sé cómo le ocurre así. Quizás tiene la mente igual que un delfín por naturaleza, fuimos a nadar, cuesta llegar ahí pero llegamos y sujetamos la 20ª boya, vi la preciosa sonrisa de mi hijo y cumplí!!

Domingo, el fin de vacaciones y volvimos a casa. Esperamos volver otro verano a disfrutar nuevamente de esa maravillosa experiencia.

La historia de una madre sorda y su hijo, que es sordo-autista.

 

 

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