Afrontar la situación solo es cuestión de mentalidad

Autora: Aura Novoa

Por fin. Todo lo que siempre había deseado estaba en mi mano. Tenía un marido que me quería y me admiraba con todo su ser, era un apoyo incondicional que desde el primer momento supo que yo iba a ser suya y nunca se rindió. Según todo lo planeado iba a tener a un precioso niño y formaríamos una gran familia. Desde pequeña sabía lo que quería. Quería un buen trabajo y un hombre amable, generoso y divertido, sinceramente no había pensado en hijos. Pero desde que descubrí que iba a ser madre todo mi mundo empezó a brillar. No todo fue como un cuento de hadas pero la mayor parte del tiempo era feliz. Estaba creando vida y eso me hacía sentir completa. Tenía un gran apoyo por parte de familia y amigos y sabía que si algo me pasara a mí mi hijo no iba a estar solo.

La maternidad es difícil, no lo sabes de verdad hasta que no lo experimentas. Mi madre durante el embarazo siempre me lo recordaba pero si ella había podido conmigo, estaba segura que yo podría con ello. Me equivocaba. No estaba preparada para lo que iba a venir…

Al principio todo iba bien pero pronto nos dimos cuenta de que algo andaba mal, mi hijo tenía un año y después de varios estudios nos dijeron que tenía autismo. No voy a negar lo evidente y decir que lo afronté con valentía. La noticia fue inesperada y yo estaba muy perdida. No sabía nada sobre el autismo y cuando empecé a investigar notaba que el mundo se me venía encima. El apoyo de mi esposo fue reconfortante pero empecé a aislarme, a echarle cosas en cara, a desplazarlo. Sabía que él no tenía la culpa pero no podía evitarlo. Fue duro pero cada día que pasaba con mi hijo era una nueva aventura y cambié la mentalidad. Dejé de verlo como un gran abismo que no podía cruzar, dejé de lado la negatividad y cada día me levantaba con una sonrisa porque sabía que alguien me estaba esperando y ese alguien me quería con todo su corazón. Cometí errores pero acabé aprendiendo y mientras mi pequeño iba haciéndose mayor, mi marido perdonó mis enfados y nuestra relación mejoró muchísimo porque él estaba a mi lado y era como un gran pilar en medio de un océano embravecido.

Había días que eran más difícil que otros, podía estar tanto tiempo llorando que me sorprendía que tuviese tantas lágrimas. En esos momentos prefería estar sola y desahogarme. Utilizaba esos momentos para sacar fuera todo lo que contenía en mi interior. No sabía que iba a ser de mi hijo en el futuro, solo sabía que el tiempo que pasaba con él era muy valioso. También llegaba a llorar de agradecimiento porque había tantas personas que me apoyaban que ver tanto cariño desbordaba mi corazón, no sabía cómo agradecérselo. Después de esos momentos de intimidad no me resultaba tan difícil volver a sacar mi lado positivo, además, a medida que pasaba el tiempo esos momentos se fueron reduciendo y cada día me hacía más fuerte y todo gracias a él…

Ahora soy una mujer que está muy orgullosa de lo que ha conseguido. Todavía hay momentos oscuros pero ya no son insuperables, ya no son una barrera en mi camino, ahora todo es más fácil y me doy cuenta que se necesita muy poco para ser feliz y una sonrisa de mi hijo vale más que todo el oro del mundo porque le quiero y sin duda, eso es lo más importante.

 

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