Una travesía por amor…

Autora: Guisselle Elizondo (desde Costa Rica)

Te presentaste en mi vida sin aviso alguno,  tu nacimiento fue inesperado. Cuando te vi  aquella mañana sobre mi pecho, de inmediato supe que mi existencia había dado un giro súbito,  aún no comprendía que te hacía especial y diferente,  pero en el momento que llegaste y los médicos  te tomaron en brazos lograste romper con la rutina de una sala de maternidad.

Los meses pasaron y crecías como cualquier otro niño, pero en mi corazón de madre sabia que algo en ti no marchaba bien.

Alrededor de los dos años, aún sin pronunciar palabras, con un don tan increíble que notamos los que estábamos a tu alrededor, eras y lo eres capaz de crear lazos con los animales, nos sorprendiste un día en un paseo por el bosque cuando de entre los arboles un venado sale al sendero  y tu caminas hacia él y aquel animal se deja acariciar de ti, ese amor por la naturaleza y por los animales te hizo pronunciar una palabra “escucha” la única palabra audible y asimilable que puede oír salir de tu boca por muchos años..

De pronto te fuiste a un mundo que no conocía y yo contigo, ahí empiezo una travesía por amor,  buscando rutas que me llevaran a encontrar ese faro en medio de aquella tormenta, una vorágine de emociones al entrar en una realidad que no esperaba vivir y que de pronto sería una  forma de coexistir permanente.

El tiempo pasaba y tú, mi pequeño seguías envuelto en tu propio entorno, las personas no podían entender tu forma tan particular de ver la vida y yo continuaba luchando contra cada opinión negativa, contra cada puerta que se cerró, contra mi misma cuando el llanto cegaba la luz de esperanza que siempre albergo mi corazón de regresar tu ser  habitar en mi mundo.

Por amor a ti regrese  a estudiar, los textos de neurología, psicología y terapias de lenguaje se volvieron uno con tus rompecabezas y tus legos, me propuse encontrar esa llave que abriría tu mente y tu alma y dejaría salir ese milagroso ser humano que eres.

Asimilar que amas el color verde, pero no comes nada de ese color, sentarme a tu lado y simplemente observarte como de un cumulo de legos construías con magnifica precisión naves espaciales, transbordadores, robots, como si tuvieses los planos en frente.

Seis años largos años llenos de amor, sonrisas, llanto, de múltiples terapias, lograste con tu esfuerzo llegar a hablar y poder comunicarte.

Contarme que es tan simple para ti crear porque todo está ahí en tu mente y que solo debes de imaginarlo para verlo y darle forma con tus manos…

Ahora también escribes cuentos cortos y das recitales, sonríes y amas como todos. Reposas tu cabeza en mis regazos y cierras tus ojos en paz. Das afecto a tu manera, diferente a los ojos del mundo.

Hoy han pasado ya diez años desde que llegaste a mí la mañana de aquel ultimo día de febrero, y desde ahí empecé  a recorrer un camino, a construir calzadas para que tus pies las transiten  a través del amor, a creer que cuando amas puedes hilar cordones que se juntan y dan sentido a una vida.

 

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