Nuevo relato para el certamen «Cuéntame el Autismo». En esta ocasión se trata de una preciosa historia sobre un buscador de polvo de estrellas. 

El buscador de polvo de estrellas

 

Cuando a un buscador de polvo de estrellas lo atrapas detrás de la ventana la historia se complica.

Para que entiendas de qué va esto, yo soy de las que está convencida de que el mundo no está hecho de átomos sino de historias, y hoy voy a compartir la nuestra.

Por años me he parado al borde del mar viendo el horizonte que susurra historias de marineros, de barcos y quizás alguna historia de un país lejano… y he tenido la suerte de pararme en el borde de varios mares y varios océanos, en cientos de playas que he tenido la suerte de conocer, pero en ninguna se me ha ocurrido en reparar en sus arenas, y en la grandiosidad que encierra cada uno de sus granos; granos que están ahí porque las olas se las roban de millones de piedras y corales de todo el planeta, porque las olas también se roban muchas historias.

Y nunca reparé en la majestuosidad de la arena hasta que llegó a mi casa un buscador de polvo de estrellas. Él llegó hace siete años, a final de la tarde del último viernes de abril. Era una tarde mágica y quizás por esa magia infinita ha llegado el buscador a mi casa.

Pero volvamos a la arena y no nos distraigamos con otras historias, que valen la pena de ser contadas, pero no en este relato.

Cuando te paras en la arena con los pies descalzos, apenas sientes su calor y su textura, y tus pensamientos no van más allá de maravillarte por el color de la arena de esa playa que estás contemplando, y ese pensamiento maravilloso se rompe en lo que el agua toca tus dedos inundándolos con su tibieza, o todo lo contrario, congelándolos impunemente para que no oses de entrar al mar.

Y aquí es que se unen estas dos historias. El buscador de polvo de estrellas, que llegó ese día mágico de abril, que siempre está batiendo sus piernitas y bracitos para volar a las estrellas pero sin conseguirlo, se dedicó entonces a buscar el polvo de las estrellas bajo sus pies, en nuestro planeta, y lo hace con muchísima pasión y no escatima ningún esfuerzo ni momento para lograrlo.

Unos lo llaman intereses restringidos y otros me explican de la integración sensorial, pero yo que tengo la suerte de ser su mamá y me ha enseñado a reparar en las maravillas de la arena, entiendo su búsqueda que sólo la deja cuando trata de volar hasta las estrellas.

Para que entiendas un poco sobre polvo de estrellas, coge un puñado de arena y déjala escapar de entre tus dedos. Aprende a escuchar su sonido al caer al escaparse de tus manos, y trata de deleitarte con la relación del sonido-movimiento en cada grano caído; mira su resplandor pues refleja a las estrellas en sus innumerables cristales. A veces brilla como una piedra preciosa, y a veces es sólo opaca, pero con colores únicos en cada porción de arena que cae de tus manos, de tus dedos.

También la arena tiene un calor característico; la arena de la superficie es calentita, pero cuando cogemos arena de más profundo, su temperatura varía, pierde su calor. Y si no la dejas caer de tus manos y más bien la lanzas al vacío, hace figuras indescriptibles con el viento, además de fantásticos brillos que algunos cristales nos brindan, y ni te cuento sobre su sordo sonido al caer.

Todo este universo que representa la arena, que a veces apenas reparamos cuando la sentimos con nuestros pies descalzos antes de entrar al mar, normalmente lo despreciamos y ni nos damos cuenta de lo que estamos pisando. En serio que eso no puede ser más que polvo de estrellas que silenciosamente está bajo nuestros pies.

Esta experiencia profunda e infinita la he aprendido de mi buscador de polvo de estrellas, que pasa momentos eternos disfrutando de lo que para nosotros es simplemente arena.

Pero ahora mi buscador de polvo de estrellas ha quedado atrapado detrás de mi ventana. Mira a lo lejos a través de los cristales buscando ese resplandor que no consigue dentro de nuestras cuatro paredes. Aletea incesantemente a ver si puede volar hasta su más íntimo anhelo. Mi buscador de polvo de estrellas estaba perdiendo su resplandor.

Pero por fin pudimos salir de la prisión que estábamos sometidos. Por fin corrimos libres de las cuatro paredes y de la ventana que nos limitaba hasta llegar a un lugar secreto que yo conocía para que él siguiera en su incesante búsqueda… y ¡lo logramos! Conseguimos polvo de estrellas que estaba más allá de los fríos cristales de nuestro extraño confinamiento y volvimos a sonreír y a cantar y a soñar de nuevo.

Nunca dejes encerrado a un buscador de polvo de estrellas. Y cuando conozcas a uno, porque te prometo que el mundo está poblado de buscadores de polvo de estrellas, aprende de ellos a hurgar ese universo perdido para nosotros que encierra cada grano de arena y atrévete a escribir su historia.

El mundo cambia su forma de correr, su rapidez, cuando llega un buscador de polvo de las estrellas a tu casa y ¿sabes? Vale la pena cambiar tus perspectivas para que disfrutes en todo su esplendor ser mamá de un hermoso niño que aletea para volar y su mágico sueño es llegar a las estrellas.

 


María Elena del Río


 

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