Bird ha demostrado en sus investigaciones que algunos trastornos neurológicos pueden ser reversibles.

Fuente: ABC.es y madridmasd.org

¿Puede un trastorno  irreversible como el autismo curarse en la edad adulta? Hasta hace siete años nadie podría responder afirmativamente a esta pregunta sin que le tacharan de irresponsable. Pero un catedrático de Genética de la Universidad de Edimburgo demostró por primera vez que era posible. Fue Adrian Bird (Wolverhampton, 1947) quien descubrió una proteína vinculada al síndrome de Rett, un tipo de autismo que produce retraso mental grave y pérdida progresiva de capacidades cognitivas y motoras. Después comprobó en un experimento con ratones afectados por este síndrome que podría curarlos sirviéndose de una terapia génica.

Con esta prueba de concepto demostró que algunos trastornos neurológicos pueden ser reversibles y cambió la forma de entender este tipo de enfermedades. El jurado del Premio BBVA Fronteras del Conocimiento cree que esta contribución y otras en el campo de la epigenética le hacen merecedor a Adrian Bird del premio 2013 en la categoría de Biomedicina.

Bird ha dado un giro a la comprensión de las enfermedades neurológicas, «casi de forma accidental», como él mismo reconoció mediante videoconferencia durante el anuncio del galardón. El investigador británico ha dedicado sus mayores esfuerzos científicos a identificar regiones del ADN donde se activan los genes, una aportación fundamental en epigenética, una disciplina que estudia la influencia de factores ambientales en numerosas enfermedades. El genetista ha diseñado un mapa que describe las regiones del ADN donde se activan genes por un proceso llamado metilación. Este proceso participa en la evolución de todos los tipos de cáncer. Y estos trabajos le llevaron al terreno de la neurociencia.

Tras demostrar que el síndrome de Rett puede revertirse, ahora cree que podría intentarse en otro trastorno similar llamado síndrome de X frágil. «Nuestra investigación sugiere que podría ser tratable y reversible», explicó.

Adrian Bird también tuvo palabras contra los recortes científicos en España. «El futuro de un país depende de los avances en ciencia. Los economistas lo saben bien y ahora es el momento porque estamos en la edad de oro de la biología», aseguró.

Biografía

Bird  se doctoró en Bioquímica por la Universidad de Edimburgo en 1972, y realizó investigación postdoctoral en la Universidad de Yale (Estados Unidos) y en la Universidad de Zúrich (Suiza). A su regreso a Edimburgo, en 1975, se incorporó a la Unidad del Genoma de los Mamíferos (Medical Research Council) donde ejerció durante once años. Posteriormente se trasladó a Viena para trabajar como científico sénior en el Instituto de Investigación de Patología Molecular.

En 1990 es nombrado catedrático de Genética en la Universidad de Edimburgo, puesto que ocupa desde entonces. Además, tuvo un papel destacado en la creación del Centro de Biología Molecular del Wellcome Trust en esa universidad, del cual fue director desde 1999 hasta 2011. Ha sido miembro del consejo de gobierno del Wellcome Trust, una institución de referencia mundial en investigación médica, y en la que también ejerció como vicepresidente durante tres años.

Es autor de más de 150 artículos publicados en revistas científicas internacionales, Comandante de la Orden del Imperio Británico (2005) y ha recibido varios premios y menciones como el Knight Bachelor (2014), el título que da derecho al tratamiento de Sir.

Desde su laboratorio en el Centro de Biología del Wellcome Trust en Reino unido, Bird continúa investigando en el síndrome de Rett, que «se ha convertido en uno de los denominados trastornos del neurodesarrollo más accesibles desde el punto de vista experimental. Además, los estudios del gen MeCP2 (implicado en este proceso y base de los experimentos de Rett en ratones para revertir los síntomas de la enfermedad) ofrecen una oportunidad de oro para desentrañar su compleja patología a nivel molecular. Nuestro trabajo se centra en mejorar la comprensión molecular de la función del MeCP2 en el cerebro, en la esperanza de que ese conocimiento contribuirá al objetivo de lograr una cura», según ha afirmado.

Los resultados de sus investigaciones han estimulado a laboratorios en todo el mundo a buscar múltiples estrategias para extender los descubrimientos pre-clínicos a los humanos.

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