Querida mamá,

Hoy es mi cumpleaños. Cumplo 4 años. Como si todo estuviera escrito y dirigido por una mano invisible, los dibujos de Dora en la tele esta mañana celebraban el cumple de “Botas”. Y aunque hoy está nublado, es primavera y la lluvia lava la luz.

Yo también veo todo nítido y luminoso, como tú. Tú, mamá, que me signas y me ayudas a pronunciar. Tú, mamá, que cada día abres con ímpetu la cortina que oculta mis ojos.

Aunque muchos días salga de casa y enfile directo al río, sin mirar atrás, con mi memoria fotográfica de imágenes invisibles o aunque otros días me niegue a salir siquiera al rellano y me quite los zapatos una y otra vez, mi vida y mis sueños han cambiado tanto de unos meses a esta parte, que solo puedo ser feliz porque me has enseñado a mirar, a tener ganas de ver y a entender que al observar se puede lograr soñar. Gracias mamá.

Gracias mamá por conectarme los caminos neuronales al sol naciente y por enseñarme cada noche a decir buenas noches a la luna llena. ¿Te acuerdas cómo me enseñaste el año pasado con infinita paciencia a soplar? Este año me he acordado solito.

Yo sé que a veces lloro, grito, pataleo y pego sin motivo aparente. Y sé que la petite me imita y no quieres reprenderla.

Yo sé que a veces no sabes si reñirme, enfadarte, zarandearme o morirte. Pero veo cómo respiras profundo y te sobrepones. Veo como te miras hondo y me sonríes.

Y así con esa fuerza, con esa energía y con ese amor desbordante, has puesto en marcha una Escuela de verano para mí y para muchos niños como yo. Una Escuela con una filosofía especial, la tuya: primero cariño, segundo alegría, tercero aprender.

Y así has buscado un cole, te has reunido con mil políticos, has entrevistado a muchas profesionales y has perdido horas de sueño y minutos de estar con nosotros. Pero el resultado es un proyecto pionero en Europa, la primera Escuela de verano con intervención terapéutica, donde mis 32 amigos con autismo y yo trabajamos, hacemos logopedia, varias sesiones diarias de PT, habilidades sociales (sí, jugar a pillar o al balón, que no hay forma de que me guste…) y mucha, mucha empatía. Y donde además formamos a voluntarios de toda España y creamos empleo (9 personas contratadas, olé!!).

Tus desvelos me han dado un verano lleno de estructura, rutina, nuevos amigos, nuevas profesoras y grandes sonrisas. Tus desvelos han puesto en marcha un proyecto que vamos a exportar a toda España, a cada provincia, a cada ciudad. Tu sueño ha hecho realidad la ilusión de muchas familias: el verano no puedo parar, el verano sirve para asentar y para sembrar, para aprender y para comprender, para mirar y para ver. Tu lucha me está enseñando a conocer las letras, las palabras y la vida sin agobios ni frustraciones. Gracias a tu esfuerzo están saliendo niños con autismo de las piedras. ¿Dónde estaban antes estos amigos?

Tú comprendiste muy pronto que si la intervención terapéutica es intensiva, respetando mis ritmos, sin prisa pero sin pausa, se obtienen resultados infinitos. Eso sí, no basta con dos días a la semana. Tenemos que hacerlo a diario. Los padres, los profesionales, los familiares, los amigos. En invierno y en verano, en Semana Santa y en Navidad. Con alegría, celebrando cada pasito, porque el autismo está lleno de grandes campeones. Cuanto antes se detecten los síntomas, mayor plasticidad cerebral y mejor futuro. Lucha porque nadie se guíe por los mitos. Que todo el mundo mire el autismo del siglo XXI.

Terapia, terapia, terapia. Desde pequeños, día a día, convence a todos para que intenten meterse en nuestro mundo y poco a poco avanzaremos hacia el vuestro. Siempre tendremos autismo, pero nuestra afectación mejorará sin límites.

Tú lo sabes mamá, yo soy serio, prudente, sensible, dulce.

Yo te quiero mamá, aunque no pueda decírtelo. Pero tienes que leerlo en mis ojos cada vez que te miro. Porque mis ojos son mi lenguaje. Y mi lenguaje es mi corazón.

Yo como tú hace unos meses no hablaba, no miraba, no interactuaba. Yo no mostraba interés por nada ni por nadie.

Yo como tú hace unos meses quería hablar y solo podía gritar en silencio.

Ahora los dos podemos, por fin, hablar.

Gracias mamá.

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