“Mi primera vez” – VII Cuéntame el Autismo

“Mi primera vez” – VII Cuéntame el Autismo

Fuera de concurso nos llega esta reflexión sobre el amor, las parejas y la vida adulta de mano de S.F., a la que le gusta definirse como persona autista pero que es, sobre todo, una persona con amor que dar. Esperamos que os guste.

¿Cómo se tiran fichas? Dices mientras clavas tu puñal en mi corazón, asegurándome que no le gusto, que es normal que me hable de esa manera. Que porque todos los chicos del instituto se dedicaran a insultarme, no significa que todos me tengan que tratar así. Él solo está siendo majo. Lo normal.

Rozo la treintena y aún estoy esperando mi primera vez. Mi primer beso. Mi primera cita. Mi primer novio.

Mientras tanto, la gente de mi edad ya se casa y tiene hijos, pero ni mi propia familia me invita a celebrar mi primera despedida de soltera porque consideran que soy un lastre que les va a aguar la fiesta.

¿Cuándo fue la primera vez que alguien me tiró fichas? ¿O nadie lo ha hecho jamás? ¿Y cómo se tiran? ¿Me compro una caja de fichas de Parchís y se las tiro al chico que me gusta, o cómo va eso?

Tú, querido cerebro mío, eres diferente al de los demás. Ya te lo dijo aquel chico cuando ni siquiera me interesaba ligar. Y menos mal, porque hoy en día, mis ideales feministas rechazarían cualquier frase de ese tipo. Necesitas que te digan las cosas de forma explícita. Y la única vez que un chico intentó ligar conmigo de forma explícita, huyo de mí como una gacela porque… no sé… ¿porque no tenía experiencia?

Y aquí estoy, sin trabajo, sin amigos, sin independencia, compuesta y sin novio. Pero sobre todo compuesta, eso siempre.

Esa es la realidad que vivimos muchos adultos autistas. Muchos no tendremos pareja jamás, pero sabemos que nos tenemos a nosotros mismos y a nuestros intereses especiales, para aprender intensamente y para hacernos más sabios cada día.

Cuando me preguntaban de pequeña eso de “¿Qué quieres ser de mayor?”, una de las numerosas cosas que respondía era: “Mamá”. Sí, siempre he tenido ese instinto maternal. Pero dime, querido cerebro mío, cómo voy a tener hijos si no tengo con quién. Afortunadamente, vivimos en el siglo XXI, en el que no solo existe la adopción (con todos los tediosos trámites que conlleva), sino también otros métodos para conseguir traer una vida a este mundo.

Sin embargo, yo sigo teniendo ese anhelo de tener a alguien a quien rodear por la espalda y abrazar cada día, con quien decidir qué nombre poner a nuestros hijos (aunque siempre es una ventaja ponerle el nombre que a ti te dé la gana, claro), a quien mirar cada mañana al despertar.

Rozo la treintena, alrededor tengo gente de mi edad que ya ha formado una familia. También el siglo XXI nos permite retrasar cada vez más la maternidad. Pero, ¿para qué me voy a engañar? Yo tengo demasiado amor que dar, a mis seres queridos, pero también a mis futuros hijos y, por qué no, a su padre.

 

No pierdo la esperanza. Sé que algún día aparecerá mi media naranja para exprimir nuestro amor al máximo. Para poder, al fin, tener mi primera vez.


S.F.

VII Cuéntame el Autismo

‘Con amor todo encaja’ – VII Cuéntame el Autismo

‘Con amor todo encaja’ – VII Cuéntame el Autismo

Desde Sevilla nos llega, fuera de concurso, este precioso relato para el VII Certamen Cuéntame el Autismo: te haces mayor, mi pequeño, mi niño, pero sigue dándome esos abrazos, esos besos, esas miradas cómplices entre los dos.

 

Te haces mayor, mi pequeño, mi niño, ese que hasta hace poco se tapaba los oídos para no escuchar nada y ahora solo quiere empaparse de todos y cada uno de los ruidos, sonidos o palabras que te encuentras en tu camino.

Ese mismo que cerraba los ojos para aislarse del mundo y que ahora hay que suplicarte que los cierres para dormir.

Recuerdo con emoción tu primera palabra, tan ansiada, tan querida, tan suplicada… que nunca podré olvidar: PAZ. Una paz que siempre encontré cuando te observaba, te miraba, te contemplaba. Siempre confié en ti.

Apenas decías cuatro palabras y pronto comenzaste a leer cuentos, el primero: Los tres cerditos.. ¡cómo olvidarlo! Cuántas veces lo leímos. Mi corazón azul se paró cuando me bautizaste como la reina, tu reina, ese personaje que siempre aparece en todos los cuentos para bien o para mal. Gracias por tenerme tan presente en tu día a día.

Ahora tus intereses son otros, y eso me encanta, creces tan rápido.

Te mentiría si no te dijera que tenía miedo a tu forma de afrontar tu vida adolescente. Una vida que tú no decidiste y que te toca vivir. Una vida que para ti sería más fácil si la sociedad estuviera más preparada, más concienciada, qué injusto, ¿no crees? Tienes un papel muy importante amigo, sabrás hacerlo genial. Y yo contigo.

Pero tú siempre has sido un campeón y los campeones nunca se rinden. Tu fuerza de voluntad, tu amor propio, tu interés y tus ganas han ayudado a que al menos una parte de la sociedad te conozca, y créeme, los has dejado a todos enamorados.

Me apasiona ver todos los amigos y amigas que tienes, esos que gracias a una buena educación escolar y familiar te entienden, te comprenden y te aceptan … y ¡cómo no hacerlo! La suerte es nuestra, gracias por enseñarnos cada día, principalmente a ser mejores personas.
Tu mundo ya es nuestro mundo, nuestro mundo azul.

Adoro la forma de divertirte que tienes ahora, dar paseos por el pueblo, montarte en los coches karting (esos que tanto miedo me dan) ir a bares repletos de gente desconocida con ruido, música, alboroto.. sin perder tu sonrisa, disfrutando y saludando a todas las personas que te vas encontrando en tu camino. Celebrar con ilusión los cumpleaños de familiares, amigos y amigas o incluso ajenos. ¡Eres todo un animador! Participar en bailes escolares, qué bonito día me brindaste. Gracias.

Acontecimientos antes impensables, qué bonito es escribir todos tus avances, se me acelera el corazón por momentos.

Me encanta ver lo autónomo que te has vuelto, aunque volvería a mentir si te dijera que no se me parte el alma un poco cuando ya veo que casi no me necesitas.

Siempre tendré entre mis frases preferidas “ayuda Dolores” o “no pasa nada”. Cuántas veces las escuche.
Ahora no me necesitas tanto y eso me encanta, pero dímelo de vez en cuando…. anda.
Claro que “no pasa nada” nunca pasará nada si me tienes cerca.
Estoy convencida de que muchas autoescuelas se pelearán por tenerte cerca, qué gran conocedor de la circulación… increíble. Cualquiera inflige una regla en tu presencia. Sanción asegurada.

Te haces mayor, mi pequeño, mi niño, pero sigue dándome esos abrazos, esos besos, esas miradas cómplices entre los dos. Aunque crezcas siempre estaré ahí, a tu lado, caminando juntos, de la mano, como siempre.

Y es que, al final los corazones azules acabamos encontrándonos. Pisa fuerte siempre, porque pisando fuerte los corazones azules permanecen unidos.

Conocerte es quererte, te quiere mucho … Tu reina.


Mª Dolores Trigo Córdoba

VII Cuéntame el Autismo 

‘Descubrimiento’ – Cuéntame el Autismo

‘Descubrimiento’ – Cuéntame el Autismo

‘Descubrimiento’ nos habla de la importancia del primer empleo. María Ángeles Rueda participa, de nuevo, en el certamen, con este delicioso relato que nos acerca al descubrimiento de las posibilidades laborales en el Autismo. Esperamos que lo disfrutéis.

 

Las manos invisibles del tiempo, veloces como las de un hábil prestidigitador, transformaron al niño hiperactivo de suaves mejillas en un adolescente flaco y anguloso que se emborrachaba de vídeos musicales en su “Tablet”. Más tarde y con la misma celeridad, el cuerpo del adolescente cesó de adolecer para asombro de todos; la magia del tiempo no deja de sorprendernos por muy viejos que sean sus trucos. De modo que un día fue evidente que a aquel cuerpo ya no le faltaba ninguno de los atributos de un hombre: la estatura, la fuerza, la barba…

Un hombre que seguía apegado a su música en Youtube y a los largos abrazos de su madre, pero un hombre hecho y derecho, al fin y al cabo.

De todas las cosas que había aprendido a hacer como adulto, apreciaba especialmente algunas tareas del hogar porque el esfuerzo de concentración que éstas le exigían era siempre recompensado con la íntima satisfacción de conseguir un poco de orden: colocar los platos en fila dentro del lavavajillas, tender la ropa mojada a intervalos regulares en una cuerda, sujetando cada prenda con su correspondiente pinza y guardar los cubiertos en el cajón donde podía clasificar tenedores, cucharas y cuchillos a gran velocidad. Todas esas actividades formaban parte de la rutina de su casa, pero también del Centro, donde pasaba mañanas y tardes y donde todo el mundo últimamente había insistido en mostrarle que, en fecha próxima, iba a hacer algo nuevo y fascinante, algo de vital importancia cuyas reglas debía aprender. La fecha había llegado por fin: era hoy. Y ese “algo” que, según las misteriosas palabras de su madre, le situaba a la misma vertiginosa altura que la gente mayor, era, nada más y nada menos que trabajar.

Pero trabajar de verdad; es decir, iba a tener un empleo.

La Fundación había conseguido que él y tres compañeros más fuesen colocados directamente a las órdenes de un jardinero bajito, maduro y sosegado cuya misión era mantener exuberantes las plantas del jardín que rodeaba el edificio del Centro.
En el momento de ponerse el mandil y los gruesos guantes, ropa que nunca antes había usado, se abrió paso en su mente, igual que un rayo de sol entre las nubes, la consciencia de que realmente iba a zambullirse en una experiencia nueva que sería, según le habían anunciado, al aire libre. Entonces sus ojos brillaron, su sonrisa se expandió hasta iluminar su rostro entero y la anticipación de la nueva actividad le hizo balancearse de un pie a otro al mismo ritmo presuroso que bailoteaban las mariposas en su estómago. No obstante, esperó las instrucciones del jardinero con toda la atención de que fue capaz y comprendió que su misión estaba perfectamente a su alcance, lo cual le hizo sonreír de nuevo. Dentro de una voluminosa caja tenía que colocar unas macetillas livianas de plástico que contenían matitas de yerbabuena además de dos variedades de flores: llamativas caléndulas amarillas y tiernas vincas de tonos blanco y fuscia . Una vez colocadas en línea las macetas dentro de la caja, el hombre debía llevar su carga a un lugar determinado del arriate.

Aún no sabía cuál era la finalidad de su labor de colocación y transporte, pero muy pronto habrían de enseñarle una labor más: hacer unos pequeños hoyos en la tierra. Y en el plazo de unas semanas le enseñarían a plantar. El plan era ambicioso, requería aprender movimientos nuevos con las manos y utilizar curiosas herramientas desconocidas, pero confiaba plenamente en los buenos augurios de su tutor y de su madre: “Lo pasarás bien”, decían. Y, hasta ahora, ambos habían tenido razón. Todo era agradable a su alrededor: la luz matinal, que él sentía como un beso en los párpados, el viento tímido y, sobre todo, el espacio abierto del anchuroso jardín que, a largas zancadas, no se cansaba de recorrer en sus idas y venidas de porteador.

Tan abstraído estaba en su placentero trajín el silencioso ayudante de jardinero, que una vez tropezó en un bordillo cuando se disponía a colocar una nueva ringlera de tiestos dentro de la caja y dejó caer dos al suelo. En casa y en el Centro, siempre que un vaso o un plato se caían de sus manos, se producía un estrépito que lo sobresaltaba y al instante alguien le entregaba una escoba y un recogedor para la minuciosa tarea de recoger los pedacitos de loza o cristal. Aquí, en cambio, el accidente no había quebrado ni un segundo la perfecta calma del entorno ni la expresión bondadosa del jardinero. “Recógelos, majo” dijo éste alegremente y le mostró cómo volver a llenar las macetas semivacías con la tierra de las dos plantitas volcadas. El muchacho se quitó los guantes e imitó los expertos movimientos del jefe lo mejor que pudo. De nuevo, una grata sorpresa: el tacto de la tierra. Ligeramente húmeda, aquella sustancia oscura y fresca le acarició los dedos. Entonces, rió con la alegría primigenia de quien descubre un mundo en una sensación nueva.

Definitivamente, éste era el empleo perfecto para él. Y era maravilloso haberlo descubierto.


 

María Ángeles Rueda Prieto

VII Cuéntame el Autismo

Ampliado el plazo de recepción para el VII Certamen de relato corto

Ampliado el plazo de recepción para el VII Certamen de relato corto

El plazo de recepción de relatos para la VII edición del Certamen Cuéntame el Autismo se amplía hasta el próximo 16 de septiembre.

El objetivo de este certamen es sensibilizar sobre el autismo y dar voz a las familias, profesionales y personas con Trastornos del Espectro del Autismo a través de grandes historias.

Los años pasan tanto por nuestro certamen, que va ya por su VII edición, como por las personas con TEA. Así, en la presente edición, la temática tratará sobre una cuestión muy importante y, en ocasiones, olvidada: la Vida Adulta. El autismo es una condición que acompaña a las personas durante toda su vida y queremos mostrarlo y remarcarlo.

 “Cuéntame el Autismo VII: la vida adulta en las personas con TEA“: los relatos se centrarán en esta etapa de la vida y cómo la vive una persona con TEA: transición a la vida adulta, empleo, autonomía, cambios personales y en el entorno, amistades, desarrollo personal, ocio…

Suele ser una temática poco tratada, por eso hemos creído oportuno reservar este espacio que representa el certamen para que compartáis vuestras experiencias, deseos, anécdotas, pensamientos… pudiendo ser tanto historias basadas en hechos reales como de ficción, tanto en primera como en tercera persona.

REQUISITOS PARA PARTICIPAR

  • El ámbito territorial de este certamen es la Comunidad de Madrid, así pues, podrá participar cualquier persona residente en esta Comunidad y que sea mayor de edad.
  • Asimismo, podrán participar, FUERA DE CONCURSO, aquellos que residan en el resto de España o fuera del país y sean mayores de edad.
  • Todas las obras recibidas, tanto las del certamen como las fuera de concurso, y que cumplan con las bases se publicarán en nuestra web y compartirán en las redes sociales.

CARACTERÍSTICAS DE LOS RELATOS

  • La extensión orientativa de los relatos deberá ser de un máximo de 2 páginas DIN-A4 (tamaño folio) con una tipografía Calibri de tamaño 11.
  • Todo relato deberá estar en consonancia con los valores que defiende la Federación Autismo Madrid: Respeto, Igualdad, Consenso, Solidaridad, Inclusión, Sensibilización, Compromiso y Transparencia.

CÓMO PARTICIPAR

Los participantes deberán enviar su relato en formato  pdf o en doc / docx y la ficha de inscripción. Además, se puede enviar una fotografía que ilustre el relato y que se podrá usar en los distintos canales en los que se difunda el cuento (online e impreso). Dicha fotografía deberá ser de carácter personal, es decir, realizada y/o en la que aparezca la persona participante o alguien su entorno. Toda la documentación se enviará a comunicacion@autismomadrid.es indicando en el correo electrónico lo siguiente:

  • Asunto: Relato para 7ª edición Concurso Cuéntame el Autismo
  • Archivos adjuntos obligatorios: Relato y Ficha de participación cumplimentada y firmada ENLACE A LA FICHA DE PARTICIPACIÓN
  • Archivos adjuntos opcionales: Fotografía y cesión de derechos (si se reconoce a la persona)

PLAZOS PARTICIPACIÓN

  • Del 9 de julio de 2018  al 9 de septiembre de 2018.
  • No se admitirán obras que en dicha fecha no se hayan enviado a la dirección de correo electrónico comunicacion@autismomadrid.es.
  • Las obras recibidas a partir del 9 de septiembre. NO serán admitidas.

ES IMPRESCINDIBLE CONSULTAR Y ACEPTAR LAS BASES DEL CERTAMEN EN ESTE ENLACE 

Contacto para más información: comunicacion@autismomadrid.es / 91.013.30.95

 

‘Ayúdame a crecer’ – VII Cuéntame el Autismo

‘Ayúdame a crecer’ – VII Cuéntame el Autismo

Este relato nos hablar de lo importante que es preparar la Transición a la Vida Adulta en las personas con TEA. Una preparación que debe ser individualizada porque hay muchas formas de vivir la vida y cada uno debería elegir cómo vivir la suya. Imprescindible reflexión.

 

“¡Ese niño parece autista!”

“¡A mi hijo le han diagnosticado TEA!”

“Hoy hay una charla en el cole sobre autismo”

Frases como estas se escuchan cada día más en la sociedad que vivimos y poco a poco se va tomando más conciencia sobre el TEA. Pero es verdad que cuando pensamos en autismo, y mi experiencia me lo corrobora… pensamos en niños. Niños y niñas diagnosticados con TEA. Pero, ¿sabes que esos niños y niñas también crecen? Esos niños y niñas a los que cualquier cambio en su rutina diaria se les puede parecer un mundo gigante, algún día dejarán el colegio al que van cada día (a poder ser por el mismo camino de siempre para evitar un mal rato). Sí, esos niños y niñas tienen su propia personalidad, su propio carácter y sus propios intereses y conforme van creciendo, más se van acentuando, nada que no le pase al resto de los mortales, ¡vamos!.

Por eso, si tenemos cerca alguna persona diagnosticada con TEA, bien un hijo o una hija, un hermano, una amiga, algún familiar, alumno o alumna, deberíamos acercarnos a ellos, desde pequeños, y observarles con lupa, guiándoles, respetándoles e intentando sacar de ellos lo mejor de esa personalidad, de ese carácter y de esos intereses que los caracterizan como individuos, porque un día dejarán de ser niños y se adentrarán en el mundo de los adultos, ese mundo en el que todo no es tan fácil y en el que cada uno de nosotros tomamos las riendas de nuestras vidas intentado luchar por ser quien queremos ser y por aquello que queremos alcanzar.

La niñez para cualquier persona es una etapa de preparación para la vida adulta, una etapa de aprendizaje, en la que necesitamos de otras personas para ir creciendo e ir cumpliendo nuestras metas y un día actuar y pensar de forma individual, llegando a tomar nuestras propias decisiones. Naoki Higashida, es un chico japonés diagnosticado con autismo a los 5 años y que actualmente tiene  26 nos cuenta en uno de sus libros que durante una etapa de su vida dejó al sistema que tomara decisiones por él, hasta que un día empezó a cuestionarse cosas por el mismo y empezó a tomar las riendas de su vida. Nos cuenta que él es quien quiere elegir su propio futuro, sus aspiraciones… tal y como hace todo el mundo, asumiendo y afrontando responsabilidades.

Ser adulto es una tarea difícil y la transición a esta etapa puede serlo aún más, especialmente para personas con autismo, por ello, toda preparación puede ser poca para adentrarse en este nuevo mundo, el de los adultos.

“¿Trabajo o sigo estudiando?”

“¿Me voy a vivir solo o sigo viviendo con mis padres hasta los treinta y tantos?”

“¿Estoy preparado para una relación seria o sigo soltero y viviendo la vida?”

Si estas preguntas son difíciles para cualquiera, imagina para un joven con TEA… Intenta ponerte en su lugar… Dejar su colegio de toda la vida, en el que sus compañeros lo conocen y lo aceptan tal y como es y sus profes también, en el que el aula está adaptada a él/ella, con sus recursos visuales, con sus horarios  y con su rutina, para ir… ¿dónde? ¿A otro colegio de educación superior? ¿A un lugar de trabajo? Con ruidos, con gente por todos lados… Y no hablar de la decisión de vivir solo, ya sin papá y mamá ahí, siendo responsable de sus menús y de cerrar con llave la puerta cada noche. ¿Y qué hay de una residencia? No sé… todo suena demasiado complicado, de amor mejor ni hablamos…

Por ello, desde aquí solo quiero hacer ver lo importante de la transición, de la preparación individualizada para la vida adulta y es que hay muchas formas de vivir la vida, y cada uno debería elegir como vivir la suya.


 

Ana García Benedicto

VII Cuéntame el Autismo 

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