Duros y luchadores

Autora: Eider López

Al separarse mis padres cuando yo tenía unos tres años, todas mis dificultades se asociaron a los problemas, mala relación y peculiaridades que ellos, mis padres, tenían; no se podían soportar y no podían prestar atención a que era lo que realmente me sucedía. Tengo 33 años y cuando estaba en la escuela, los profesores tenían la misma impresión; en aquellos tiempos nadie se imaginó que una muchacha de comportamiento peculiar y “tímida”, podría tener signos o rasgos del espectro autista: era un colegio público pequeño (pero grande) en el que el aula de atención especial

era, según lo que recuerdo, para personas que ni siquiera con clases particulares llegarían nunca a tener probabilidad alguna de terminar con un mínimo de suficiente, sin ayuda, en la calificación de octavo de E.G.B. (o el resto de cursos).

Mis profesores estaban al tanto de la separación de mis padres y dificultades que el tenía en concreto, (no puedo dar mas detalles). Y al igual que mis propios padres, mis profesores supusieron que mi comportamiento falta de atención y dificultades, tenían otro tipo explicaciones ajenas al espectro del autismo; comentándole los profesores a mi padre (el cual poseía mi custodia), que yo sí tenía la capacidad para estudiar y aprender, aunque hacían hincapié en mi falta de atención : “se distrae hasta con una mosca”.  Yo si en mi casa se me permitía, era responsable en cuanto a mis estudios; parecía ser algo sagrado (y tenía miedo de que mi padre se enfadara con mis malas notas), pero yo mayoría de las veces sentía que no daba la talla; los demás entendían cosas que a mi me costaba mucho. Y en mi casa no había ni horarios ni un buen clima para concentrarme en mis estudios. En realidad estaba demasiado asustada por el estado en que se encontraba mi padre.

Fue pasando el tiempo, pero todo iba empeorando en lo que se refiere al ámbito académico; con 17 años me fui a vivir con mi madre y a esa edad y después de repetir dos veces de curso (en quinto de E-G.B., Y en bachillerato, lo que me hizo conocer la ESO), pude dejar los estudios, sabiendo que necesitaba un tiempo para adaptarme a los cambios, y sobre todo a la adultez; ya no era una adolescente a cuyo comportamiento se le podía buscar fácil explicación y perdonar “equis” cosas. Entonces me ayudaron a buscar un trabajo bastante sistemático y monótono en su ejecución. Tenia 18 años, pero al aparentar  unos 15, y al poner tanto empeño, se me perdonaban algunos fallos cometidos.

Seguí estudiando mientras trabajaba, hasta que pude entrar en la universidad. Hubiese querido estudiar veterinaria, biología, medicina, pero entre veterinaria y psicología, me quede con la segunda opción (por cercanía). Puede que parezca insólito que una persona con mis características estudiara esta carrera (me falta poco mas que el trabajo final), pero me ha ayudado a entender a los sujetos neuroatípicos de los cuales veo rodeada y de los que antes no conseguía descifrar su comportamiento (la asignatura de etología humana me ha ayudado enormemente). Llevo unos siete años para terminar esta carrera, en parte por las dificultades a la hora de relacionarme, por las que creo, he tenido alguna crisis que otra, y por otro lado por la situación económica. Los últimos años han sido los más duros; he aprendido que en boca cerrada no entran moscas y que en los trabajos de grupo es mejor explicar a mis compañeros mis dificultades sociales. Algo que me ha sorprendido mucho, y no en el buen sentido, en una carrera de esta índole, e incluso habiendo realizado las prácticas en un lugar donde se trabaja con personas y personitas con algún tipo de TGD (Trastorno Generalizado del Desarrollo) es, que no existe toda la información, comprensión y sensibilidad que a mí y a muchos nos hubiese gustado.

En cuanto a mi escaso tiempo libre y ocio se refiere, el deporte o arte marcial que me ha seducido ha sido el karate: empecé siendo una niña voy a explicar la razón por la a que me sedujo este arte marcial. Sucedía así: entrar con un saludo especifico en el tatami, ponernos en fila y realizar los saludos pertinentes, calentar en silencio y con algunas instrucciones, aprender y forjar una técnica, como por ejemplo una patada, y darla en el aire unas cuantas veces seguidas hacia un lado y después hacia el otro. Lo que mas me gustaba eran las katas; una vez aprendidas de memoria el cuerpo iba adquiriendo la posición cada vez mas adecuada, y se trataba de repetirlas hasta poder hacerlas casi perfectas, dentro de las posibilidades de cada uno.  Yo que menos me gustaba era el kumite: ponerse en pareja para marcar un golpe (siempre sin llegar a dar al compañero). Para terminar la clase estirábamos un poco y se volvía a realizar el saludo, saludo a los senséis.

Pese a hacer mis pinitos dibujando un par de comics de manga (habiendo seguido dentro de lo posible a “bola de dragóna” y “Ranma” , todos los anime que solía ver en televisión, desde que estudio, no dibujo ni tengo mucho tiempo para hacer casi nada; toda mi atención necesita ser enfocada en “una sola” tarea: terminar la carrera. También he tocado la batería que me compre trabajando y tuve un teclado en el que interpretaba algunas partituras.

Aunque le parezca difícil de entender para mucha gente o a muchas y muchos psicólogos, en mi subjetiva opinión soy una persona extremadamente sensible. Pero ni mis padres ni mi familia me han apoyado, aunque mis características me han permitido soportar e incluso valorar toda la soledad que hasta ahora me ha acompañado (vivo sola y sigo teniendo mis crisis (y a veces la soledad, aunque necesaria la noto amenazante y me entristece mucho. En la edad adulta, después de la incertidumbre que me acompañaba durante toda la infancia y adolescencia, me he tenido que esconder en casa sola o escaparme a un sitio solitario si no estaba en condiciones de poder responder a un interlocutor. Siempre me he escondido en estados de crisis para que no se vieran ciertos rasgos pienso, no comprenderían las personas en general. He observado a muchas personas para poder actuar como ellas lo hacen y asi no llamar la atención, pero no lo debo hacer del todo bien y tampoco creo que sea la mejor idea, ya que me canso demasiado (cansancio mental extremo) y después me pasa lo que me pasa.

Aun hoy  dia suelo pasar algunos periodos en los que no me gusta acercarme a la universidad por miedo a que me vean sin poder mediar palabra, porque, ¿saben que? a las mujeres nos hablan mucho más a menudo que a los hombres en cualquier momento, situación o lugar. He tenido muchas conversaciones en medios de transporte públicos sin yo desearlas. Es una sensación desgarradora sentir el asombro de las personas cuando no soy capaz de reaccionar ante una conversación, aparentemente sencilla a sus ojos.

Ahora el tiempo y mi insistencia o cabezonería tendría que dar sus frutos. Ojala algún día pueda tener un trabajo vinculado a la ayuda compañía, tratamiento de personas con algún tipo de TGD, o ser etóloga, o dedicarme adiestramiento, o si mi historia tendrá un final que no sea el que he deseado, soñado y por el que casi siempre he luchado, soportando un sinfín de altibajos y trabas.

Sigo luchando, pero falta tanto por investigar y poder comprender…

Como hacer que un estilo neuroatípico sea comprendido por uno neurotipico y viceversa?

 

 

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