UN MUNDO DE COLORES

Autor: Jose Manuel Mencía Leal

 

Mi primo Lucas pintaba con sus lápices de colores. Rojos, verdes, azules, amarillos… todos rodaban por el suelo de su habitación. Las estanterías, cubiertas de papeles pintados a trazos de todos los colores, abarrotan su pequeño dormitorio. Papeles y lápices de colores. Solo eso.

Decir que a Lucas le encantaba pintar, sería quedarse corto. Siendo sinceros, realmente no hacía nada más aunque, bueno, de vez en cuando, se dedicaba a ordenar su cuarto y organizar los dibujos por colores y formas. Los grandes y rojos a un lado. Los verdes de tamaño mediano, en la estantería sobre el cabecero de la cama y los amarillos y pequeños siempre se quedaban sobre la silla, nadie sabía muy bien por qué.

A Sara, mi tía, la vida le cambió cuando Lucas tenía 4 años. Hay libros donde lo interesante comienza en la página 80 o 90 y a la vida de mi tía Sara le sucedió algo parecido. Tuvo que esperar 43 años para que su vida cobrara verdadero significado. Fue seis días después del cuarto cumpleaños de mi primo Lucas, cuando le diagnosticaron autismo. Sin embargo, tiempo atrás, Sara ya había comprobado que Lucas no era un niño como los demás. Los juguetes que le regalaba no surtían el efecto deseado, evitaba frecuentemente el contacto visual y le costaba socializar con los otros niños. Fue a partir de ese sexto día tras la celebración del cumpleaños cuando la vida de mi tía cambió y cobró más sentido que nunca.

Lucas pintaba, pintaba, pintaba y pintaba. De vez en cuando también escribía algunas palabras, pero como luego adornaba las palabras con trazos de colores, podemos decir que eso también era pintar. Estuviera donde estuviera, siempre llevaba una cajita de madera llena de lápices de colores con los que pintar, pintar, pintar y pintar. Incluso en el funeral de su padre, que murió de un infarto al corazón cuando Lucas tenía 3 años, Lucas pintaba, rodeado de primos y tíos a quienes no conocía, yo incluido.

De la muerte de su padre, mi tío Alberto, ya ha pasado mucho tiempo, pero Sara echa ahora más que nunca de menos al padre de Lucas porque no sabe si ella será capaz de cuidarle. ¿Que por qué lo sé? Todas las noches, cuando mi madre cree que estoy durmiendo, llama a mi tía Sara y las dos hablan durante horas sobre el tema.

Todos recordamos el último aniversario de la muerte del padre de Lucas. Estábamos toda la familia reunida en el salón de la casa, cuando Lucas vio a mi tía Sara llorar y le regaló un papelito en el que había escrito la palabra “verde”, luego otro con la palabra “anillo” y otro con “colgante a juego”. Todos los mayores comenzaron a llorar a la vez y a abrazar a Lucas, mientras él y yo nos mirábamos sin entender demasiado.

 

 

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