Déjame que te cuente…

Autora: Virginia López Collado

 

El amanecer, las rutinas, las personas, las emociones, los sentidos, las palabras, el anochecer… todo ello a veces se escapa de mi mente.

Me enfrento a un mundo desordenado ante mis ojos, incomprensible, con la constante necesidad de moldear mi cuerpo y mente a innumerables situaciones. Así, parte de mi esfuerzo tengo que dedicarlo a ir formando esquemas que me permiten dar significado a algunas cosas. Mi pequeño gran mundo no siempre es fácil de entender por los demás y, descubrirlo,supone un difícil reto personal y emocional. Sobre estas líneas, pequeñas pinceladas que permiten entenderlo.

Bajo mis pies, no ando sobre un sendero recto y limpio, a veces aparecen curvas que me despistan, irritan y descontrolan. Es por ello que necesito seguir un camino en el que se muestren señales que me indiquen una dirección, que las cosas sucedan en un orden determinado. Me gusta entender el mundo como una historia, saber lo que pasa en cada momento, cuál es el primer paso, qué va después, cuál es el final. Pero a veces, si me encuentro con algo inesperado o diferente, puede que mi expresión, mi actitud y mi estado cambien, me acelere o descontrole. Deduce así la dificultad para entender los cambios imprevisibles.

En escasas ocasiones, mi mirada lo dice todo. En mi forma de mirar no suelo hacerlo a los ojos de quien me habla. Si no siempre te miro, no pienses que no sé que estás ahí. Me gustan más los objetos que las personas, quizás me inhiba en mis movimientos y en mi juego, aunque con el tiempo, aprenderé a unirme a ellos. No suelo volverme cuando me llamas, aún así, siéntate a mi lado, acompáñame en mis movimientos, en mis sonidos, seguramente si paras, reaccionaré, te miraré. Y Quizás esas sean las mayores peticiones que haga y no siempre lo haré con la palabra o el dedo, aunque encontraré alguna estrategia.

Los sentimientos, las emociones, muchas veces no soy capaz de interpretar cuando se está enfadado o contento, qué cosas producen alegría o tristeza. Suelo fijarme en pequeños detalles de la cara, pero no logro dar significado a esa variedad de movimientos y gestos que expresan el por qué de una situación. Quizás, con el tiempo, si me enseñas aprenda a entenderlo.

A veces las palabras se escapan a mis oídos, mensajes largos llenos de dobles sentidos, ironías, bromas… Así, escucho, pero no entiendo, aunque te doy una pista, dímelo con fotos, con dibujos, palabras sencillas, muéstrame el mundo a través del papel.

Entiende mi forma de jugar. No siempre comparto el juego, me gusta crear mis propias rutinas, colocar los juguetes en fila, dar golpes o utilizarlos para otro fin. Aún así, sígueme en mi juego, mézclate entre mis piezas, creemos algo diferente.

Es momento de compartir, escuchar y entender las particularidades del autismo. Estas son sólo breves líneas en las que trato de pensar, hablar, reír, mirar o llorar a través de sus particulares mentes. Así, cada día intento estructurar, fotografiar, pintar, colocar y ordenar nuestro desconcertante e imprevisible mundo para ellos.

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