Estrella Fugaz

 

Robbie siguió una vez más a Gloria hasta la colina. Hoy la había notado nerviosa, pero había querido dejarle un poco de espacio. No siempre reaccionaba bien en esas circunstancias.

Gloria se sentó en el césped mirando abstraída la plataforma de lanzamiento. Hoy saldría un nuevo cohete hacia las estrellas lleno de jóvenes ansiosos por descubrir nuevos horizontes.

Cuando Robbie le pregunto qué tal estaba ella forzó una sonrisa y le dijo que estaba contenta, pero una lágrima asomaba en sus ojos húmedos.

-Gloria, es normal que estés triste. A veces podemos estar tristes. No pasa nada. ¿Es por Rodric? ¿Va el en el cohete?

Gloria afirmó con la cabeza. Rodric era uno de los niños del complejo. Se habían criado juntos y era su mejor amigo. Desde el descubrimiento del salto hiperespacial los jóvenes al cumplir los 14 años entraban en el Plan de Expansión y con 18 eran destinados a la estación espacial. Allí estudiaban para ser exploradores. No todos lo conseguían, pero era raro que no lo intentaran.

Gloria era distinta, ella no había sido aceptada en el proyecto. Al ser una persona TEA entró en el programa de inserción social y le asignaron a Robbie como tutor. Siempre supo que era distinta, pero le costó aceptar tener que llevar siempre a un Robot a su lado. A veces la gente la miraba raro y ella se enfadaba. Lo que más le dolía era ver como sus amigos se iban separando de ella.

Ella nunca viajaría a las estrellas. Aunque estudiaba mucho y Robbie la ayudaba a entender los problemas no superó los exámenes de acceso a la academia. En el examen oral se puso nerviosa y tampoco le salieron bien los psicotécnicos. En cálculo de ecuaciones sacó sobresaliente, una de las mejores notas. Estuvo llorando una semana completa.

Durante el verano había estado con los chicos en la piscina, pero todos hacían planes y soñaban con las estrellas. Ella decía: Yo también iré, el año que viene voy a volver a presentarme, pero los demás seguían contando las cosas que iban a hacer, repetían una y otra vez las historias que les habían contado sus hermanos mayores sobre la estación espacial y la sensación de ingravidez. 

Aunque Gloria no lo decía estaba siendo un verano muy duro. Robbie intentaba explicarle que la mitad de los chicos no viajaban nunca a las estrellas y que tras unos meses en la estación al final volvían a casa.

Atardecía, el cielo tomaba tintes morados y ya empezaban a verse las primeras estrellas. Robbie mando un mensaje a casa avisando que estaban bien. El lanzamiento sería de madrugada y no podrían estar allí para ese momento, pero aún podían quedarse un rato. En el cielo apareció una estela y Robbie dijo:

– ¡Gloria, mira! una estrella fugaz. Rápido pide un deseo.

Normalmente, se atoraba cuando había que tomar decisiones rápidas pero esta vez se vio que su expresión cambiaba y sonreía mirando la estrella fugaz.

– ¿Qué has pedido?

– ¡Viajar a las estrellas!

Robbie tardó un rato en responder, para un robot no es fácil esquivar la primera ley de la robótica. Con sus palabras tenía que animar a Gloria, pero mentir supondría un daño en el futuro.

-Si lo deseas con todo tu corazón y te esfuerzas en 10 años tal vez estemos en las estrellas.

Ella le abrazó y le dio unas palmadas nerviosas sobre su cuerpo metálico. Él tampoco podía sentir las emociones como los humanos, pero si hubiera podido habría sido feliz solo con ver la ilusión en los ojos de Gloria.

 

Dedicado a Isaac Asimov.

Paco Muela 

 

 

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